Detrás del debate de las primarias cerradas o abiertas, hay otro tema que es de vital importancia para la democracia dominicana. Me refiero al tema del financiamiento político, a su estructura y a su necesaria regulación. Desde mi punto de vista, es la “caja negra” de la política.
Solo basta ver que el informe financiero del PLD, partido que ha gobernado el país en los últimos catorce años consecutivos, tiene solo tres hojas.
Es que, en esencia, el PLD hizo una reforma del Estado a su imagen y semejanza, pero descuidó lo más importante, que es la reforma política e institucional.
No solo se crearon los Poderes del Estado, sino que descuidó lo esencial, que es que el poder ciudadano no solo se agote en la acción del ritual del voto, sino que participe activamente en el proceso de formación de las políticas públicas. Pero, es que el PLD está distanciado completamente de los ciudadanos.
“Es hora de sacudirse”
Una muestra de ello es que nos encontramos, en la recta final, de la discusión de si tendremos ley de partido y ley electoral.
Pero, ¿qué haremos ante la discusión de si continuaremos con el financiamiento público y privado, sin ninguna restricción? ¿Se permitirá que los donantes privados sigan haciendo aportes a campaña a cambio de obras públicas y contratas en el gobierno? ¿Se admitirá que las empresas que estén vinculadas a casos de corrupción, como Odebrecht, por ejemplo, puedan hacer aportes a campaña? ¿Se mantendrá el ocultamiento de información contable y financiera en las campañas electorales? ¿Se impondrán sanciones como la pérdida del reconocimiento electoral a los partidos que violen la ley de partidos y la ley electoral?
De nada valdría que se “apruebe” una ley de partidos y una ley electoral que responda a los intereses del PLD. Esto no es lo que representa el interés general expresado por las Iglesias, los empresarios, los sindicatos, la opinión pública y los sectores sensatos del país. Ciertamente, después de quince años reclamando una legislación que responda a estas inquietudes, el país reclama un ejercicio serio de concertación en ese sentido.
Es hora de sacudirse. Es hora de sepultar la “caja negra” que responde a otras épocas, y convertirla en una caja de luz, con transparencia, en donde cada centavo que se invierta en un partido político se sepa su origen y su destino.
Hora de terminar con la desigualdad económica que se ha transformado en desigualdad política.

