Opinión

Mitos migratorios

Mitos migratorios

Orlando Gomez

El tema de la migración de Haití hacia la República Dominicana está plagado de mitos que se han venido repitiendo desde hace tanto tiempo que gran parte de la población los repite como hechos. La persistencia de estos mitos no sólo oscurece la realidad del problema a enfrentar sino que imposibilita su solución, por lo que es necesario despejar algunos de estos.

La invasión pacífica: Haití no está en capacidad de organizar un registro civil medianamente manejable, mucho menos lo está para hacer una invasión agresiva, pacífica o de cualquier tipo de nada. Haití está “invadiendo pacíficamente” nuestro país tanto a como El Salvador estaría invadiendo pacíficamente a los Estados Unidos. Llamemos las cosas por lo que son, los flujos migratorios de montones de individuos desesperados buscando trabajo, sin conexión entre ellos más que la nacionalidad, no constituyen una amenaza a la soberanía del país.

Los 2 millones: no obstante reiterarse tanto en cifras oficiales locales como internacionales que el total de inmigrantes ilegales en la República Dominicana asciende a entre 400,000 y 600,000 personas, aún se sigue repitiendo la cifra de los 2 millones sacada de entre los glúteos de algún comentarista.

Siendo justos, las cifras oficiales solo dan cuenta de inmigrantes que viven en el país, y no se contabilizan las personas que trabajan o reciben servicios aquí que luego retornan a su país de origen, pero estos no serían ni una fracción de la absurda cantidad de 2 millones. Las percepciones individuales son inútiles, por lo que insinuar que “hay pueblos enteros de la frontera donde solo hay haitianos” como argumento para justificar la cifra de 2 millones es ridículo si consideramos que en las cuatro provincias fronterizas combinadas viven alrededor de 250 mil personas (entre dominicanos e inmigrantes) en total.

La balcanización: sugerir que los hijos de haitianos nacidos en República Dominicana representan un riesgo de secesión como ocurrió en los Balcanes, es tener absoluto desconocimiento acerca de un conflicto que inició cerca de 5 siglos antes de que los españoles llegaran a esta isla. No existe un indicio de que los dominicanos hijos de haitianos en el país estén desarrollando una homogeneidad racial, cultural, religiosa o social que si quiera amerite esta consideración.

La fusión: no existe interés en ninguna mente medianamente funcional y con conocimientos básicos de historia de la isla de la Española en que se produzca una fusión entre ambos países. Las fusiones no son fáciles ni baratas como enseñó la reunificación de Alemania, y son vistas como un verdadero dolor de cabeza como ahora lo considera Corea del Sur ante la eventual unificación de Corea.

Siendo los dos ejemplos anteriores de países divididos por razones políticas, cuyas poblaciones comparten idioma, cultura, historia, familiaridad y muchas otras cosas más de las cuales República Dominicana y Haití no coinciden en una.
Espero que con esos puntos despejados podamos empezar a enfocarnos en los verdaderos problemas.

El Nacional

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