Sobre los mismos hombros



Asegurarse de no morir de espanto es lo que garantiza resistir la embestida de los malos tiempos. Esto es lo que sigue aconteciendo en República Dominicana con relación a las aspiraciones de una mejor vida. El pueblo no muere de espanto, pues en ese anhelar ya lleva   muchos periodos desde el inicio de la Primera República, pero en medio de todo, sigue firme el deseo legítimo de que la situación se torne distinta.

Es en ese marco que puede verse las expectativas creadas por el discurso que pronunció el presidente Danilo Medina el 16 de agosto en su toma de posesión. La fascinación que produjo, hacía poco imaginable el trauma posterior.

 Pero no repuestos y repuestas del asombro, o más bien casi al unísono, vinieron los rumores, y luego la confirmación como el remate en la cabalgadura, de un paquete fiscal que los bien entendidos en  historia económica del país estimaron sin precedentes, tanto por la cobertura que abarca, como por la astronómica suma que se quiere recaudar a costa del empobrecimiento de la mayoría de  la población dominicana ya bastante perjudicada con las políticas de inequidad.

Ya este paquete fiscal complacientemente aprobado por el Congreso, es una ley promulgada para que el pueblo pague las cuentas de lo que no consumió. Así los y las congresistas se convirtieron en sus verdugos, pero antes, se aseguraron de que sus intereses particulares quedaran blindados, pues no permitieron que se afectara “el barrilito”, ni otros privilegios que abochornan.

 La respuesta de rechazo a esa medida tuvo de particular en la ciudadanía la conciencia generalizada de que es injusto que todos paguen lo que derrocharon o mal emplearon los integrantes de un grupo que abusó del poder, y que, para no morir de espanto se preparó con anterioridad.

Mala cosa es que, oficialmente, el presidente Medina no ha tomado la decisión de dirigirse al país, pero ya el paquetazo es una ley a aplicar.

 En medio de estos acontecimientos, algo se ilumina, y es que el desarme organizativo y las frustraciones acumuladas siguen siendo el activo que ha dado el éxito a la dirigencia de los partidos que nos han gobernado, por lo que  el capítulo siempre pendiente es el de construir una ciudadanía contestataria, activa y decidida a no permitir el enriquecimiento de algunos a expensas suyas.

  La construcción de ese sujeto activo, sensible e incorruptible y con vocación de servicio, es el gran reto que le queda al país. Esto es lo único que puede hacer que aquellos mueran de espanto, pero no el pueblo y la decencia. En ese sentido, sirve de referente la multitudinaria manifestación que, a propósito de todo esto, convocaron y realizaron cientos de jóvenes en el Parque Independencia en fecha 11 de noviembre del presente año.

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