Todavía no hallan restos de Caamaño



Al cumplirse ayer el 44 aniversario de la muerte del coronel Francisco Alberto Caamaño sus restos continúan desaparecidos a pesar de que la Procuraduría General de República lleva dos años con una investigación abierta con la finalidad de determinar dónde está su osamenta.

La investigación está a cargo del procurador adjunto Bolívar Sánchez Veloz, desde diciembre del 2013, por instrucciones del entonces procurador general de la República Francisco Domínguez Brito, para investigar el paradero de los restos del líder de la Revolución de Abril de 1965, pero hoy sus familiares, compañeros de armas en la guerrilla de 1973 y las autoridades no tienen ninguna información.

A pesar de esto los restos del coronel Francisco Alberto Caamaño fueron exaltados al Panteón Nacional el 24 de abril 2013 en un acto presidido por el presidente Danilo Medina, pero en la tumba habilitada para los restos del Coronel Caamaño reposa un cenotafio con una leyenda que dice “a la espera de sus restos”.

Su sobrino y exguirrellero Claudio Caamaño afirmaba que los restos estaban sepultados en el Cementerio Nacional de la avenida Máximo Gómez y ante un mandato de la Ley 4-13 el primero de mayo del 2013 la Procuraduría General de la República y el Ministerio de Cultura exhumaron los señalados restos para realizarle un estudio de ADN y si resultaba positivo serían llevados al Panteón Nacional.

El examen fue practicado por médicos forenses del Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif), pero resultó negativo.
Otra versión es de su compañero de armas en la misma expedición de 1973, el ingeniero Hamlet Hermann quien siempre afirmaba que los restos de Caamaño no estaban en el cementerio de la Máximo Gómez y explicaba que Caamaño fue capturado en una emboscada en el paraje Nizaíto, sección la Horma, de San José de Ocoa el 16 de febrero y horas después los militares anunciaron su muerte.

Hermann afirmó que por orden superiores el teniente Juventino Matos roció gasolina al cuerpo sin vida del Coronel de Abril y le prendió fuego.

Lo que quedó fue introducido en fundas plásticas y trasladadas a la Base Aérea de San Isidro en un helicóptero, donde un avión de carga C-47, pilotado por un general y el coronel Román Carbuccia y Restituyo que esperaba, partió con los restos a lanzarlos mar adentro.

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