VISIÓN GLOBAL

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Una de las ventajas que tiene la sociedad cuando un presidente sustituye a otro de su mismo partido, es que desaparece la mala costumbre del nuevo gobierno de pasarse cuatro años echándole la culpa de todo a la administración anterior.

 Algo que, a propósito, solo ha ocurrido en dos ocasiones desde 1966 a la fecha, con Salvador Jorge Blanco y Antonio Guzmán (1982-1986) y ahora con Danilo Medina y Leonel Fernández.

Una sociedad elige a sus gobernantes para que ejerzan en el presente y para el futuro, no una plañidera que se pase todo el tiempo de su mandato lamentándose de lo que le dejó el predecesor.

 Eso se llama irresponsabilidad.

 Ahora mismo hay en el país “un clamor popular” que procura obligar al presidente Medina a que diga “lo que encontró” al asumir el pasado agosto, pues se intuye que no fue lo mejor.

 Ese supuesto “clamor popular” a penas guarda las formas de lo que realmente se persigue, que es no solo la crucifixión de Leonel Fernández por ahora y para siempre, sino lo más trascedente: erosionar la unidad del partido oficial.

 Como al presidente Medina se le eligió para gobernar mirando al futuro, nada mejor que su decisión de que “ya lo pasado, pasado” como dice la canción de José José.

 ¿Para qué condenar el país a la eterna ronda alrededor del molino, si al final lo que importa es lo que se haga de aquí para adelante?

 El pasado es bueno para evitar la repetición de malas experiencias, pero de ahí a la petrificación hay un trecho que le causa un daño terrible a la nación.

 El Presidente Medina hace bien en no mirar al pasado y fijar su horizonte en el futuro, cuya buena o mala fortuna dependerá de lo que se haga ahora.

 Lo que ha transcurrido de su mandato pone la tónica de que en nuestro país no habrá otra mujer de Lot.

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