VISIÓN GLOBAL

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Existe un proverbio sumerio conforme el cual una zorra orinó el mar y gritó: “Toda esa agua es mía”. Un episodio similar, más familiar y cercano, lo encontramos en La Tremenda Corte, donde Tres Patines y una víctima potencial de sus pillerías se desplazan por una carretera. En algún momento, para convencerlo de un negocio, Tres Patines saca un brazo por la ventanilla del vehículo, y mostrando una extensa plantación dice: “Esto es mío”. El futuro estafado pensaba que se refería a la plantación, pero Tres Patines estaba hablando de su brazo.

Estos ejemplos se le pueden aplicar al derrotado candidato perredeísta, Hipólito Mejía, quien luego de patalear y gritar sobre un imaginario fraude, se proclamó “líder de la oposición”.

Es decir, que como la zorra sumeria y Tres Patines, Mejía vio el 46.95%  obtenido por el PRD y gritó: “Todos esos votos son míos”.

Pero sucede que, así como el agua del mar no era de la zorra ni la plantación de Tres Patines, tampoco esos votos son de Mejía, pues se puede afirmar que miles de dominicanos sufragaron por él considerándole la alternativa a la continuidad del PLD, pero no porque lo creyeran apto para volver a gobernar.

Cualquier cantidad de esas gentes lo pensaría dos veces si dentro de una semana se le presentara nuevamente la opción de apoyar a Mejía o permitir que el PLD continúe en el poder.

Porque luego de observar su comportamiento postelectoral, es como para arrepentirse de querer darle una tercera oportunidad (la segunda la intentó en 2004 y falló), suponiendo que había cambiado.

Y es que personas con quienes uno interactúa y que votaron por Mejía, hoy se sienten arrepentidas, por lo que eso de líder de la oposición es una pretensión que no se sustenta.

Un político que no es capaz de reconocer el triunfo de su adversario, y después de seis semanas de los comicios alega ser el ganador, no puede atribuirse el liderazgo de nada juicioso.

El verdadero líder se sobrepone y actúa con sensatez, no galloloquea.

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