El escritor Rafael Hilario Medina, bien conocido y ponderado por su obra poética, ha ingresado a la categoría de novelista con la publicación de una novela que reúne en su estilo lo tradicional y lo moderno, lo local y lo universal y que introduce innovaciones tan singulares como un paquito, llamado también comic.
La obra, de 206 páginas, está basada en la historia dominicana, con características de parodia, clara intención humorística y un manejo de la lengua descarnado y espontáneo cuando intervienen los personajes, y depurado y poético, cuando interviene el narrador. (Con su profundo rumor de soledad la sinfonía de la lluvia persistía, pág. 155).
Los hechos que se cuentan en una novela siempre guardan alguna relación con la vida, por más ficticios que considere el autor esos hechos. Nada más parecido que la novela y la vida.
La obra no es puro realismo ni es pura fantasía, sino que Hilario hace un intermedio perfecto entre ambas situaciones para hacer de En nombre de la reina una obra de creación que en nada es ajena a la realidad que ha conocido el autor, al contexto histórico en que le ha tocado vivir.
Lo local y lo universal se topan en esta obra, como si el autor siguiera la ruta de los grandes novelistas que encontraron en su entorno el material adecuado para edificar las obras que legaron a la humanidad. Si quieres ser universal, habla de tu aldea, aconseja León Tolstoi.
En la novela está presente nuestra historia, nuestra cultura y el habla dominicana, es decir la peculiar forma de los dominicanos usar el español. (¡Diantre, mija, pero dame la fórmula!). No obstante, el autor vincula su obra a un discurso universal, porque es una obra de arte lo que ha construido.
Entonces Muralla y Cutino lanzaron al aire una sonora carcajada con los dientes que tenían y con los que les faltaban y Culelé, desconcertado ante aquella burla del destino, ignorando de qué lado debía inclinar la balanza, optó por sumarse al coro y rio y parpadeó a sus anchas y los tres, al borde del llanto, rieron hasta sentir que se reventaban las tripas (página 131).
La tipificación de los personajes se advierte desde los nombres de los mismos: Mandinga, chacal, Capicúa, Meneíto, Blanquito, Muralla, Pechuga, por ejemplo. Rafael Hilario Medina trata hechos, situaciones y personajes como si no fuera ésta su primera incursión en el campo narrativo, y complementa el entramado con unos diálogos que retratan a la perfección a sus personajes, muy suyos, muy característicos.
En el acto de presentación del libro, el jueves 29, en la sala Aída Bonnelly de Díaz, del Teatro Nacional, organizado por el Ministerio de Cultura, el poeta Mateo Morrison, dijo que en la obra de Hilario no sólo impacta lo que dice, sino como lo dice. Y me parece muy cierto.

