Lérida (España), (EFE).- La directora argentina María Victoria Menis presentó en la Mostra de cine latinoamericano de Cataluña (noreste de España) La cámara oscura, una sorprendente reflexión sobre la subjetividad de la mirada humana y sobre el diferente concepto de belleza que hay en cada época.
En su regreso al cine cuatro años después de su premiada El cielito, Menis ha adaptado un relato de Angélica Gorodischer, que cuenta la historia de una mujer considerada fea en la Argentina rural de finales del siglo XIX y comienzos del XX.
Una coproducción franco-argentina sobre un personaje muy contemplativo, muy silencioso, con una gran relación con la naturaleza y sobre cómo los demás lo perciben, explicó hoy Menis en rueda de prensa al presentar este filme, en competición oficial en la Mostra, que se celebra en Lérida.
La cámara oscura es una película de época que se desarrolla en el campo de las afueras de Buenos Aires y en la que la protagonista, Gertrudis (una estupenda interpretación de Mirta Bogdasarián), habla con la mirada, con los gestos, desde la autoinvisibilidad del personaje y con apenas tres frases.
Gertrudis nace de una familia de emigrantes judíos que llega a Argentina a finales del siglo XIX y desde su nacimiento es considerada fea por los miembros de su familia, en especial por su madre, que incluso la hace mirar hacia abajo en las fotografías para que no se le vea la cara.
Una fealdad que siempre lastrará a Gertrudis y que la lleva a autoexcluirse y aislarse de todo y de todos a pesar de llevar una vida aparentemente normal.
Ese era uno de los puntos más importantes para la directora, que explicó cómo hizo hincapié en mostrar la vida diaria de Gertrudis, que es como la de una mujer normal, que realiza sus tareas cotidianas y que representa a muchas mujeres, incluso en la actualidad, que no pueden decidir sobre sus vidas».
Una historia narrada con una excelente fotografía que muestra la belleza y dureza de la vida en el campo y con un protagonismo buscado de planos largos y estáticos.
En la película uno de los protagonistas es un fotógrafo (al que da vida de forma muy sutil el francés Patrick Dell’Isola) y la historia tiene mucho que ver con la fotografía, por lo que la directora tuvo muy claro desde el principio que era necesaria una gran estaticidad en los planos.
