Por Mateo Sancho C.
Redacción Internacional, (EFE).- Pese a la pleitesía de los Óscar a la industria, los académicos han reivindicado, con discreción en los últimos años y con una sola candidatura en el apartado de interpretación principal, filmes tan importantes como Eastern Promises, Breaking the Waves o, ahora, The Visitor». Richard Jenkins, secundario de lujo en cine y televisión, ha visto compensado uno de sus pocos papeles protagonistas con una nominación al Óscar que muy pocos esperaban. Con ella, The Visitor entró sigilosamente en el mercado de alfombras rojas y trajes de diseño con un presupuesto mínimo y un lenguaje sencillo pero difícil, de los que requiere una lectura atenta y profunda. Situaciones como éstas rompen una lanza a favor de la vilipendiada Academia, siempre acusada de poner los ojos en lo comercial, pero que sabe descubrir, aunque decida no premiar, el mejor cine al margen de Hollywood. Pero es ése el precioso empujón que hace que una película como The Visitor, ajena a todo tipo de planteamiento rentable, se pueda estrenar en España sólo tres semanas después de la entrega de los Óscar.
Esta película es un retrato amargo de la sociedad cosmopolita.

