¿Qué Pasa?

«1917» es una hazaña técnica y una gran historia

«1917» es una hazaña técnica y una gran historia

AP. Este es un buen momento para aquellos interesados en la Primera Guerra Mundial, especialmente si son cinéfilos. Hace un año el director Peter Jackson usó la tecnología más avanzada disponible para dar nueva vida a las imágenes originales de la guerra de hace un siglo y una impactante inmediatez en “They Shall Not Grow Old” (“Jamás llegarán a viejos”).
Ahora la película “1917”, de otro gran director, Sam Mendes, ha empleado tecnología de punta acompañada de la mejor cinematografía, cortesía de Roger Deakins, para darnos una mirada diferente, aunque igualmente convincente, de esa guerra cruel, a través de los ojos de dos soldados ordinarios con una misión extraordinaria.

El toque especial aquí, como quizá ya han escuchado, es que «1917» parece haber sido filmada en una sola toma sin remiendos, o si acaso dos tomas, donde se ve claramente que hay una transición en el tiempo. En realidad hay decenas de cortes, pero fueron ingeniosamente ocultos por el director Lee Smith, y la toma más larga dura solo ocho minutos.

Sí, es una impresionante hazaña técnica. Uno podría considerar también que es un artilugio, o al menos un método que amenaza con distraer la atención de los espectadores, pero resulta ser un estilo muy cinematográfico y enormemente efectivo al presentar esta historia en particular de la manera más visceral posible.

Se trata del relato, inspirado en las historias que Mendes escuchó de su abuelo, quien peleó cuando era adolescente, de dos jóvenes aterrorizados que claramente no están preparados para hacer lo que les han pedido. ¿Pero realmente QUIÉN estaba preparado? Eran apenas unos chicos. Si en el documental de Jackson la visión más sobria de todas era la de esos rostros aterrados _ muchos de adolescentes mintieron sobre su edad para poderse enlistar en el ejército _ esos rostros conmocionados cobran vida en “1917” en los cabos Schofield y Blake, George MacKay y Dean-Charles Chapman, actores relativamente nuevos elegidos así para reforzar la idea de que estos eran hombres ordinarios peleando.

La acción comienza en la tarde del 6 de abril de 1917 en el norte de Francia. Schofield y Blake descansan bajo un árbol cuando un oficial le ordena a Blake «elegir a un hombre y llevar su equipo», no se sabe por qué. Blake elige a Schofield y los dos se dirigen a la trinchera. Al caminar la cámara abre la toma y podemos ver el campo lleno de soldados, la mayoría descansando, conversando, fumando, lavando su ropa.

En la trinchera el general Erinmore (interpretado por Colin Firth, uno de varios astros británicos, incluyendo a Benedict Cumberbatch, Mark Strong y Richard Madden, que tienen breves cameos) les describe su misión.

De inmediato queda claro por qué fue elegido Blake, su hermano mayor es parte de un batallón que planea atacar a la mañana siguiente a los alemanes, que aparentemente están en retirada. En realidad los soldados británicos, 1.600, se dirigen a una trampa y sufrirán una pérdida catastrófica a menos de que sean detenidos. El enemigo cortó todas las vías de comunicación, “no tienen idea de en dónde se están metiendo”, dice Erinmore secamente.

La misión de los dos cabos es entrar en el frente a pie para advertir al batallón que espera en el bosque cerca del pueblo de Ecoust. Su único equipo son mapas, granadas, un poco de comida y una pistola de bengalas que les da en un breve momento de ligereza el teniente Leslie, comandante de los Yorks (un maravillosamente irónico Andrew Scott de “Fleabag”), quien está bastante seguro de que no podrán sobrevivir.

El Nacional

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