Gracias a la vida. Así podríamos decir quienes hemos tenido la fortuna de ser fronterizos, que al decir del autor de »Memorias de Ultratumba», René Francois de Chateaubriand, son las personas que han sido testigos de eventos trascendentales en dos siglos.
Hubo dominicanos por ejemplo, que presenciaron el magnicidio de Ulises Heureaux, Lilís, a finales del siglo XIX, 26 de julio del 1899 y el tiranicidio de Rafael Leónidas Trujillo, a mitad del siglo XX, 30 de mayo del 1961.
Los de mi generación hemos vivido un agitado siglo XX: la llegada del hombre a la luna, la huida despavorida de los gringos de Vietnam, la bravura de Martin Luther King, Malcolm X y Mohamed Ali, en defensa de los hombres de su »raza». Contemplamos absortos, la renuncia del presidente, Richard Nixon en agosto del 1974, siendo la primera y la única en los Estados Unidos. Muy fresco está en nuestra memoria, el intento de golpe de estado en la Unión Soviética en 1991, cuando miembros de la línea dura, intentaron detener el glasnost y la perestroika de Mijaíl Gorbachov. Guardamos la imagen de Boris Yeltsin, encima de un tanque de guerra, arengando contra los golpistas.
El siglo XXI nos saludó con los ataques a las torres gemelas, hiriendo de muerte el orgullo de los Estados Unidos. Sufrimos la crisis financiera del 2008, que amenazó el sistema capitalista y un viernes 25 de noviembre del 2016, la humanidad perdió a uno de sus hijos más ilustres: Fidel Castro.
Vivimos un 2020 inolvidable. Afectados por la pandemia del Covid 19, que además de cobrarse cientos de vidas y dejar sin empleos a más de un millón de dominicanos, iremos el 5 de julio a las urnas a elegir un presidente, que deberá enfrentar retos nunca antes vistos, por las secuelas de la pandemia.
Son momentos apremiantes y por lo tanto, no podemos partir ni de mentiras vulgares ni de verdades a medias. Es cierto que en los últimos años hemos tenido avances significativos en algunas áreas: Crecimiento económico, estabilidad macroeconómica y una gran inversión en infraestructura que se inició con Trujillo. Ahora bien, no hay forma humana, de que ningún presidente electo pueda salir a camino sin el concurso del liderazgo político y social.
El país requiere un liderazgo responsable. Un empresariado más comprometido. Un sistema educativo revisado de cabo a rabo, capaz de formar un hombre nuevo, con profesores cultos, con vocación y conscientes de que trabajan con la materia prima para que el concepto de patria, nunca se diluya.
Y sin quizás, el reto más grande será: fortalecer la institucionalidad .Tenemos que fortalecer nuestro sistema de justicia . No le temo tanto al aspecto económico, sé que nos recuperaremos.
POR. Ramón Rodríguez
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