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2021

2021

Este año que recién inicia, tendrá un resultado que estará indisolublemente vinculado a la conciencia que tomemos de las lecciones derivadas del que acaba de transcurrir. Todo cambia de perspectiva en función de la actitud que asumamos ante los acontecimientos que nos ocurren. Lo único absoluto en la vida es que todo es relativo.

En ese sentido, si bien es cierto que resulta innegable el desastre en tantos aspectos que fue el año que se fue, no menos verdadero es que, como pasa con todo, se pueden extraer experiencias que nos pueden servir bastante en el porvenir.

Son demasiadas las cosas, en términos personales y colectivos, de las cuales teníamos una percepción equivocada. Con lo sucedido como consecuencia de la pandemia, quedaron colocadas en su real dimensión.

De asimilarlas en esa auténtica connotación, seríamos ganadores netos al comprender las potencialidades que tenemos en aspectos que nos sentíamos frágiles y las debilidades significativas en otras que nos suponíamos fuertes.

El gran riesgo que corremos es que, como en tantas otras ocasiones, al transcurrir los días nos olvidemos de lo que hasta hacía poco tiempo eran las motivaciones de promesas de cambio y transformaciones personales para supuestamente exponer una mejor versión de nosotros mismos. Suele ser así ante muertes súbitas de allegados.

En las honras fúnebres muchos se muestran decididos a introducir enmiendas radicales en sus conductas y apenas abandonan el camposanto, retornan a sus miserias habituales.

A la vista de quien se disponga a valorarlo, está todo lo que ha quedado evidenciado en el mundo con la desnudez que ha producido esta enfermedad, al despojar de sus ropajes tantas irracionalidades a las cuales nos aferramos y que limitan de forma radical las posibilidades de vivir de manera más plena y feliz.

¿Quién, con un mínimo de sensibilidad, podría ser indiferente ante las grandes desigualdades que se han puesto de manifiesto? ¿Puede ignorarse la vulnerabilidad de la existencia humana a partir de la terrible experiencia que hemos padecido?.

¿Se dedican los recursos materiales con criterio de prioridad para que las personas dispongan de las herramientas realmente necesarias para su bienestar integral? ¿El sistema económico, social y político prevaleciente, constituye la forma de organización social más efectiva para alcanzar el desarrollo humano?

Son las respuestas que debieran procurarse, en discusiones absolutamente transparentes, si se tuviera la disposición de generar los cambios profundos que amerita la humanidad para alcanzar niveles de convivencia más equitativos.

Por: Pedro P. Yermenos Forastieri
pyermenos@yermenos-sanchez.com

El Nacional

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