Leer El Nacional, como producto terminado, no ofrece una idea del conjunto de labores y personalidades que se comprometen desde muy temprano en la mañana,
Este diario es el resultado de un trayecto laboral tan interesante como desconocido por el común de las personas para las cuales, leer El Nacional en las tardes, es una costumbre infaltable, reforzada por la tradición de lucha por los derechos humanos, por la actitud de no excluir sectores a quienes se les ha dado vocería y vigencia.
¿Quiénes y cómo hacen cada día El Nacional?
Veamos el recorrido cronológico y de personalidades:
5:55 a.m. Llega Bolívar Díaz Gómez, infaltable, recto, de notable economía en sus palabras. Informa lo que debe sin usar una sola palabra de más. Revisa los diarios matutinos, la agenda de temas del vespertino. Operativo y planificador.
5:59 a.m. Llega Radhamés Gómez Pepín, que se instala en su oficina, de puertas que no se cierran nunca. Veterano y ríspido en su trato ante todo tema que se le plantea, cumple con exactitud su papel de ver «qué hay detrás» de cada tema que le es planteado para publicar. Su rol, ejecutado con maestría, es ver las cinco patas del gato y hace de abogado del diablo. Agudísimo en los detalles de la redacción de los contenidos, tiene la virtud de sacar al vuelo, los enfoques más interesantes de cada tema.
6:03 a.m. Llega una hora antes de su horario, José Fabián, el primero de los diagramadores, ejemplo de puntualidad, pese a que vive en Villa Mella y usa transporte público. Revisa los espacios noticiosos e imprime la pauta. De aspecto militar por la severidad del rostro, José en realidad es un ser servicial y dispuesto a dar lo mejor.
6:04 a.m. Llega Héctor Minaya, historiador de peso y periodista, delgado, eficiente, callado cuando debe estarlo. Disponible para dar soporte y seguimiento a los temas procesados.
Entre 6:04 y 7:00 a.m. Llega Joan Cruz, el encargado de diseño, alto, elegante, disputa su imagen a la de Ánthony Romeo Santos (sólo que el artista del diseño no canta bachata), de afinada visión para mejorar las propuestas y dirigir con responsabilidad su personal. Una sonrisa luminosa le premia el rostro. Le siguen Elizabeth Hiciano (Elly), Yubelkys Almonte, (Yuby), Santa Benítez y Filomena Taveras, diagramadoras de El Nacional, y Nicolás Mateo, de ¡Qué Pasa!
Elly muestra un delicado trato, a partir de su condición de cristiana; Yuby es el ser más tierno, dotada de un temperamento que debía ser ejemplo para el mundo y portadora de una sonrisa de ensueños que debía ser símbolo de armonía mundial; (Edwin Mata), muy interconectado a Facebook (procurando ver iglesias y monjas, por su obsesiva inclinación al catolicismo); Santa, perfeccionista y con tremendo criterio de la impecabilidad en el diseño de las páginas que le llegan a sus manos; Filomena, veterana de las primeras jornadas de pegado en la mesa de «paste up» a punta de tijeras y cera o ponal.
La reunión
A las 7:00 a.m., Bolívar y Minaya toman sus notas y materiales y caminan, sin ser llamados, a la oficina de Radhamés Gómez Pepín: determinar el rumbo del trabajo que implica una supervisión de temas y acontecimientos. En ese encuentro se traza el quehacer, se plantean los temas propios del diario y se disponen los seguimientos, se tocan los temas nuevos y se obtiene un esquema tentativo de lo que podría ser la primera página, la estratégicamente más importante, por el rostro y menú de lo que trae El Nacional.
Cuando termina la reunión, invariablemente de 15 a 20 minutos, Bolívar y Minaya, se asignan temas y seguimientos.
Los hombres
José Antonio Torres, dotado de un olfato periodístico especial y de gran inteligencia, a lo que añade un sentido del humor sarcástico y rotundo; Sudelca García, periodista alta, elegante y responsable de procesar y seleccionar entre los cables internacionales, toda nota de prensa, noticias de corresponsales y colaboradores enviadas al correo de la redacción.
Tomás Vidal Rodríguez, desde su silencio casi absoluto, se mantiene pendiente de la fuente del clima; Domingo Berigüete, es el que más recientemente ha ingresado a la redacción, procedente de las aulas de la UASD, donde estudió comunicación y actualmente estudia leyes.
Ruddy Germán Pérez merecería un libro aparte. Sensible a las tragedias de sangre que tiene que ver diariamente, contestatario y justo; Teófilo Bonilla, indoblegable en sus principios revolucionarios e incapaz de avergonzar a nadie porque para él que una persona no tenga dinero, no es vergüenza alguna; Silvio Cabrera, experto en la fuente judicial, centrado en su acontecer y poco dado a chistear por la seriedad que le adorna; Alberto Caminero, experto en la fuente política, dotado de una personalidad tranquila y que emana confianza en el conocimiento de los vericuetos de ese mundo tan difícil; Luis Pérez Casanova, viejo zorro del periodismo, como asistente editorial, encomendado a ser una voz firme en los comentarios principales sobre todo de la página dos; Luis Guzmán, callado y trabajador; Arístides Reyes, crítico, apasionado frente a los hechos nacionales, pero equilibrado en sus textos; Cristhian Oviedo, tan delgado que parece las seis en punto, es una caja de sorpresas por su efectividad en sus coberturas; Rafael Tomas Jaime, de temperamento suave y ahora muy callado para concentrarse en su labor de corrector de textos y títulos.
Estas mujeres
Las periodistas de la redacción no son un ornamento por su suave belleza y la dulzura que adorna sus actitudes. Se trata de profesionalísimas mujeres con conciencia de lo que es noticia.
Shira Abreu, fina en su trato y profunda en la investigación de temas, a los que saca el extremo de su esencia. Ama la vida y a su familia, expresada en Luiggie y Liah, razones de su ser.
Pilar Moreno, una veterana y certera redactora capaz de manejar con seriedad cualquier tema. Orgullosa de su hermosa negritud, tiene la habilidad de poner límites sin ser desagradable.
Fotógrafos
Son los ojos de El Nacional en las calles y pueblos. Jorge González, el editor gráfico, es el primero en llegar y siempre tiene fotos de gran calidad noticiosa que proponer al director para la primera página. Es estudioso de los fenómenos de la tecnología y escribe reportajes con gran agudeza.
Justo Maracallo, abogado y reportero gráfico de considerable mirada para encontrar el justo lugar y la angulación precisa de la cual sacar la mejor imagen. Sus fotos son premiables, pero es tan bajo perfil que no las envía a concursar.
Luis Alonzo, alto, delgado, estudiante de artes, pintor, atento, siempre dispuesto a servir.
Joselito Peña, un alma buena del Señor, sirve a ¡Qué Pasa! recreando la vida social de la Capital.
Mario Terrero, la fuerza de un apellido de fotógrafos, introvertido y tremendamente profesional. Ha hecho fotos históricas y es mucha la gente que espera un libro comentado de sus imágenes.
Guillermo Burgos es el mayor secreto humano: aparenta ser tosco y brusco, pero en realidad, tras esa imagen superficial hay un ser humano sensitivo, incapaz de hacer daño a nadie, solidario y amigable con quienes llegan hasta su alma. Tremendo profesional de la cámara, sin poses ni aspavientos. Un ser de excepción.
PERFIL
Humor y presión
El sentido del humor, en la forma de chistes oportunos, a veces cuando más presión hay por el cierre demandado desde producción y rotativa, es utilizado por el equipo para suavizar el momento. Anécdotas graciosas, chistes de un color moderado (en vista de la presencia de tantas señoritas), noticias curiosas que llegan vía agencias o por prestigiosos portales de Internet, salen a relucir. En algunas oportunidades los chistes tienen un trasfondo que requiere de cierta profundidad intelectual para entenderlos. Otras veces son obvios, castos y directos.
Un instante del trabajo cotidiano, una labor de conjunto en la cual la coordinación y la óptica crítica están siempre presentes para optimizar los contenidos.
El nuevo hogar de los periódicos Hoy, El Día y El Nacional proporcionará un mejor espacio a quienes laboran, poniendo a disposición de la comunicación nuevas herramientas. La obra está considerablemente avanzada.

