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80 años dedicados a labor cultural

80 años dedicados a labor cultural

El Nacional
Con más de ocho décadas dedicado a la confección de instrumentos musicales de percusión y a tocar en fiestas del Espíritu Santo, y con una edad no determinada pero que pasa de los  100 años, Casimiro Minier sigue con su oficio con la dedicación y convicción de que lo hará hasta la muerte, que todavía se aventura distante por que él parece más joven y su claridad mental asombra.

Aunque tiene achaques de reumatismo y una hernia, el centenario hombre de la comunidad rural Mata de los Indios, en San Felipe, de Villa Mella, conserva la lucidez y la fortaleza de un hombre cuya única herramienta de trabajo ha sido su propia fuerza. Todavía hoy fabrica congos, maracas, canoas  y otros instrumentos musicales a los que por nombre común él llama “palos”.

Como si fuese una tarea fácil, Casimiro explica la forma en que convierte un tronco de javilla o aguacate sumado a cuero de vaca o chivo en una herramienta que produce la música distintiva de su natal Villa Mella, los congos, proclamados en mayo de 2001 por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) como Patrimonio Intangible de la Humanidad.

Casimiro detalla que con su cincel rudimentario de aproximadamente un metro de largo da forma a los instrumentos, ahueca la madera cilíndrica, trata el cuero, tensa las ramas que sirven para fijar la piel de animal, y hasta los decora con pintura. Es un oficio de mucha dedicación y pocas recompensas económicas.

“Enfermo pero trabajando, yo dejo de trabajar cuando muera. Es que me gusta mi trabajo”, dijo sentado en la galería de su casita de madera, sencilla pero ordenada. Allí tiene un taller en el que también hace pipas, cucharones y cuanto instrumento de madera se le ocurre.

Es padre de 10 hijos, “seis por aquí y cuatro… usted sabe que el músico donde quiera que llega siempre consigue muchas cosas, tu sabes que los congos es una cosa que atrae muchas personas”, dijo este hombre que entiende que esa música es una manifestación del Espiritu Santo. “Por medio a que era músico del Espiritu Santo tenía muchos embullos por donde quiera, pero ya no”, y  suelta una carcajada.

Dice que su abuela le contaba que cuando el Espiritu Santo apareció en Villa Mella lo hizo portando los congos, los cuales dejó a ella, esta a la mamá de Casimiro, ésta a su hijo Sixto Minier, que fue capitán de los congos de Mata los Indios, y quien a su muerte se los dejó a él, su hermano. En la actualidad comisiones de universitarios, músicos y muchas otras personas recurren a Casimiro para conocer de la música y cultura de Villa Mella.

De la misma forma que él aprendió a hacer los instrumentos y a tocar, da clases a niños de Mata de los Indios en talleres que imparte con la colaboración del Museo Cofradía Espíritu Santo, ubicado en la calle 30 de la comunidad.

Una de sus alumnas más destacadas es “Pica Pica”, una niña de cinco años cuyo nombre verdadero es Brandy Ferrand, por el que pocos la conocen. La tímida pequeña toca palos, congo, canoa y maraca, y baila apasionadamente. Ella no va a la escuela, como muchos niños de allí, y centra su dedicación en la música. Toca desde los tres años.

La gestora cultural de Mata de los Indios y fundadora del Museo, Josefina Tavárez, explicó que los niños son la clave principal del proyecto, ya que lo importante es que todos participen, aprendan y mantengan la cultura y tradiciones de los congos de Villa Mella.

Se les llama congueros, que son los miembros de la cofradía o hermandad del Espiritu Santo de esa localidad, y congos a los instrumentos musicales utilizados en las fiestas del Espíritu Santo, de la Virgen del Rosario y en las ceremonias rituales dedicadas a los difuntos de la Cofradía o a cualquier otro fallecido. Es una fiesta de características aficano-religiosas.

En los congos se utilizan dos tambores, un congo o palo mayor y un conguito o palo menor, que también se conoce como “alcahuete”, además de una canoíta y varias maracas.

Tavarez definió a Casimiro como “patrimonio viviente” de la localidad.

Una mala jugada

Casimiro, con más de cien años de vida, todavía se dedica a confeccionar instrumentos musicales de percusión, oficio del que vive precariamente, denunció que el Ayuntamiento de Santo Domingo Norte le adeuda desde febrero dos instrumentos que él le vendió para usarlos en el Festival del Carnaval de Villa Mella.

Nada ha valido para que esa entidad pague los 14 mil pesos que  le adeudan. Su hijo Pascual, con quien reside, ha solicitado por varias vías el pago de los instrumentos, pero las mismas autoridades que visitaron con emoción la casa de Casimiro para comprar los “palos” hoy se niegan a pagarlos.

“El otro día vinieron unas personas y dijeron que en tres o cuatro días me traían el dinero, y todavía estoy esperando. Yo soy aquí una persona derrengá, y no sería bueno que una persona con todas sus fuerzas quiera vivir del que menos puede”, se quejó con impotencia.

El Nacional

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