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¡A la escuela!

¡A la escuela!

Ernesto Guerrero

Ante el temor de que, la apertura de las clases presenciales, desate una nueva ola epidémica de la COVID-19, algunos profesores y padres todavía se resisten al reinicio de la docencia. Si bien no hay ninguna receta universal que garantice la completa inmunidad en esos recintos, los estudios científicos realizados indican que la tasa de transmisión entre los niños y entre sus familiares es muy baja, siempre y cuando se cumpla con determinados protocolos.

La educación es fundamental en todos los aspectos de la sociedad y nuestro país no puede darse el lujo de perder un año escolar. La capacidad de los niños de leer, escribir y realizar operaciones matemáticas básicas se ha deteriorado, y las habilidades que necesitan para salir adelante en la economía del siglo XXI han disminuido con la pandemia.

Por falta de comidas escolares, muchos niños están hambrientos y su nutrición empeorando. Además, a causa de la falta de interacciones diarias con sus compañeros y la reducción de la movilidad, están perdiendo su forma física y mostrando síntomas de trastornos mentales. Plazas, cines, bares, teatros, salas de juego, y gimnasios, ya están abiertos, pues ahora corresponde a la escuela.

La escuela no es solo el lugar donde los niños y niñas van a estudiar también son lugares donde se detecta si un niño o niña está siendo abusado, si una adolescente está embarazada o está a punto de unirse a un hombre adulto. Cuando la salud y la seguridad de los niños está en peligro, son los más vulnerables quienes sufren las peores consecuencias.

Ciertamente, los casos están aumentando en algunas regiones, por lo que algunos países decidieron suspender temporalmente las clases presenciales. Atendiendo a esa realidad el Consejo Nacional de Educación a puesto en marcha un plan de retorno semipresencial voluntario, gradual y seguro, solo en lugares determinados; monitoreados para si es necesario, revertir esta decisión.

Los profesores no pueden negarse a cumplir su labor, como tampoco los médicos, militares o empleados públicos.

Afortunadamente los índices de positividad, y el número de contagios se mantienen relativamente bajos y maestros y personal de educación son prioritarios en los programas de vacunación. Tenemos que adaptarnos a esta nueva normalidad, lo que ahora toca, es cumplir rigurosamente con los protocolos propuestos.

Por: Ernesto Guerrero
guerrerocamiloe@gmail.com

El Nacional

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