Con la sustitución de los magistrados Subero Isa y Luciano Pichardo junto a otros 7 jueces que conformaron la Suprema Corte de Justicia desde 1997, se inicia un nuevo capítulo en la historia de la Justicia dominicana. Independientemente de lo que se pueda decir sobre el cambio, la personalidad de los magistrados salientes, la imagen pública de la SCJ o el análisis jurídico de sus múltiples decisiones; lo incuestionable, y creo que los nuevos magistrados que conformarán la nueva Suprema Corte de Justicia y el Tribunal Constitucional así lo saben, es que cuando estos tomen asiento en sus respectivos estrados, allí estarán parados sobre los hombros de gigantes.
Personalmente he estado en desacuerdo con muchas sentencias y posiciones del período 1997-2011, y tengo acumuladas un montón de quejas sobre algunas cosas de su manejo administrativo. Pero hoy, viéndole llegar a su fin con parte de mi mente recordando sus inicios, realmente es imposible no admitir que el trabajo que desempeñó esa Suprema Corte de Justicia encabezada por los Magistrados Subero y Luciano fue sencillamente extraordinario.
La Suprema que empezó en 1997 encontró la Justicia Dominicana inoperante, plagada de deficiencias, acusada de corrupta y con una imagen por el suelo. Pero estos magistrados, con un magro presupuesto que bordea lo insultante, paso a paso llevaron hacia delante y con éxito la reforma y modernización que costó décadas a nuestro país siquiera iniciar. Durante casi 15 años las funciones que en lo adelante se repartirán el Consejo del Poder Judicial, el Tribunal Constitucional y la Suprema Corte de Justicia, fueron desempeñadas solamente por esta última, en lo que debió ser cuanto menos una labor enorme y desgastante, ofreciendo, a pesar de todo, resultados francamente impresionantes.
Este no debe significar un momento amargo o desagradable para el magistrado Jorge Subero Isa, el resto de los magistrados de la Suprema Corte de Justicia y todo el equipo que les acompañó a lo largo de estos años en sus funciones. Los jueces que asumen a partir de ahora pueden darse el verdadero lujo de encontrar que la Justicia dominicana a final del 2011 es diametralmente distinta a la del 1997 justo por el trabajo y dedicación de los que hoy culminan su labor. Es tiempo de estar satisfechos de un trabajo bien hecho.
Es muy probable que lo alcanzado en el tiempo que estuvieron al mando de la SCJ sea la referencia del antes y después de la Justicia dominicana, y aunque, para ser honestos, el común de los dominicanos quizás nunca entienda la magnitud de lo logrado por esos jueces, no tengo el menor reparo en decir que no solo la sociedad, sino el país tiene mucho más que agradecerle a ellos de lo que es probable se les termine retribuyendo.
Hoy la Justicia dominicana inicia una nueva etapa en su historia al comenzar el funcionamiento simultáneo del Consejo del Poder Judicial, el Tribunal Constitucional y la Suprema Corte de Justicia.

