Opinión

A RAJATABLA

A RAJATABLA

Para poder competir con relativo éxito en una contienda electoral se requiere que el partido y su candidato diseñen y concilien una estrategia y un discurso temático que eviten la improvisación y garanticen que las ofertas programáticas resulten atractivas a los diferentes segmentos de la población votante.

Por lo que se ha visto  en los primeros meses de  precampaña presidencial, el PRD y su candidato no han podido armonizar un planteamiento  creíble con respecto a ninguno de los ámbitos objetos de debate, deficiencia que se suple con inmediatismo, sin que ningún  estratega logre  tintar el discurso político  con algo de racionalidad.

 Tan pronto el candidato pudo desatar las amarras de sus cuerdas vocales, ha dado  riendas sueltas a expresiones estrambóticas como las de recomendar a productores agrícolas no pagar  al Banco Agrícola, advertir que de  alcanzar la Presidencia no honraría deudas contraídas por las actuales autoridades o de que  vencería a su oponente aun sea a las trompadas.

 Si algún activo político debe promover un aspirante presidencial ha de ser  la certidumbre que se expresa en seguridad jurídica, estabilidad macroeconómica y respeto  a la normativa de continuidad del Estado, pero el PRD y su candidato han resuelto realizar una campaña electoral basada en el miedo, terror y temor.

Otra nota discordante en la estrategia electoral perredeista ha sido la infeliz iniciativa de denunciar ante instituciones internacionales la supuesta intención del Gobierno de  usar recursos del Estado a favor del candidato  del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), porque lo primero que deberían saber es que la campaña electoral no ha iniciado formalmente.

Se pretende que  el Gobierno paralice  el programa Solidaridad, que no asfalte  calles, avenidas, autopistas, caminos vecinales, que no pague la deuda de los arroceros y otros productores agrícolas, que no  capitalice al Bagrícola, que no amplíe los servicios del Promese ni de los programas de Ventas Populares, que no aumente los salarios de guardias y policías, entre otras iniciativas oficiales, porque benefician en términos electorales al licenciado Danilo Medina.

Lo mejor sería  cerrar al Gobierno y abrirlo después de las elecciones o no ponerle atención a los efectos que  el choque de la crisis global ha producido sobre los sectores vulnerables de la población para que así el candidato del PRD pueda  detener  su declive en picada.

Lo más peligroso de esta marcha en zigzag ha sido  la campaña de denuestos contra la Junta Central Electoral (JCE) con el propósito de justificar una eventual derrota en los comicios del 20 de mayo de 2012 bajo el pretexto de que se ha cometido fraude, porque lo que en verdad se procuraría es  una desestabilización política e institucional.

A la democracia  dominicana le conviene  que el PRD organice su desorden y que ajuste sus expectativas a una realidad objetiva que marcha en vía contraria a los excesos  de quienes  quieren obligar  al electorado a ingerir una candidatura como si  fuera un purgante.

El Nacional

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