Sin dejar de objetar algunas presencias y ausencias, la escogencia de los jueces de las Altas Cortes, demuestra que la democracia se consolida y que la nación ha sido dotada de una Suprema Corte liberal de un Tribunal Constitucional revolucionario y de un Tribunal Superior Electoral competente. La selección de jueces que provienen del litoral partidario, que algunos consideran pernicioso, es contrapeso positivo, pues cuando Balaguer lo definió como un mercado, el Poder Judicial estaba regenteado por magistrados asépticos, muchos de los cuales escondían su condición de mandaderos del gobierno o asalariados de oficinas de abogados.
La actividad política no puede asociarse con el cólera, por lo que un profesional con filiación política es tan merecedor de ocupar un asiento en las Altas Cortes como otro jurista, con la imprescindible condición de probidad y elevado criterio de independencia.
En toda sociedad civilizada, la escogencia de jueces resulta de pacto político o acuerdo social, por lo que los partidos apoyan o rechazan candidatos conforme al criterio que sustenten sobre el perfil de un magistrado o el desempeño de las cortes.
Los sectores fácticos o mediáticos no se oponen o respaldan una candidatura a una corte porque el postulado provenga de esferas partidarias o porque sea independiente, sino por las ideas que procese en relación a temas jurídicos en debate, como el matrimonio entre pareja de igual sexo, por ejemplo.
A la Suprema Corte de Justicia han accedido jueces de cortes de gran reputación. Cuatro jueces de la antigua corte pondrán a disposición de ese órgano su enorme experiencia y otros profesionales de distintos ámbitos, encabezado por el doctor Mariano Germán, completan un cuadro cercano a la excelencia.
Ningún profesional más calificado para presidir el tribunal Constitucional que el doctor Milton Ray Guevara, con cabeza bien amueblada, probo y competente, quien estará acompañado por jueces de primera o profesionales de dilatada carrera. Esa corte se compara a un traje de gala.
La escogencia del doctor Mariano Rodríguez como presidente del Tribunal Superior Electoral ha tenido el tinte de la unanimidad porque se trata de un juez con vasta experiencia en organización y arbitraje comicial. Junto a sus colegas garantiza una jurisdicción contenciosa cuyos fallos estarán apegados al derecho.
Otro importante efecto de la escogencia de los jueces de las Altas Cortes es que marca el comienzo del fin del liderazgo político montonero que hoy se expresa en el ámbito electoral a través de un discurso difuso, incidentalista e inmediatista que rápidamente es desalojado por un liderazgo responsable que en vez de destruir, construye.

