Simón de Cirene o el Cirineo es un personaje bíblico singular, pues su papel de auxiliar a Jesús en el camino a El Calvario no fue anticipado por los profetas, por lo que la casualidad obró para que este corpulento jardinero, padre de tres hijos, convirtiera su nombre de procedencia (Cirineo, natural de Cirinea, al norte de África) en sinónimo universal de solidaridad.
El Cirineo era un pagano, similar a un aldeano o persona de extracción humilde, nombre con el que también se identificaba a los no profesaban alguna de las tres religiones más conocidas (cristianismo, judaísmo e islamismo), quien sin dudas estuvo en lugar y circunstancia no deseada, al encontrarse en una calle estrecha y sucia de Judea con la multitud que seguía a un Jesús en muy malas condiciones físicas obligado por la guardia imperial a acarrear una pesada cruz con la cual sería crucificado en el Gólgota.
Tres apóstoles se refieren a este episodio: Marcos, afirma que: Un hombre de Cirene, llamado Simón, padre de Alejandro y de Rufo, llegaba entonces del campo. Al pasar por allí, lo obligaron a cargar con la cruz de Jesús; Lucas: Cuando llevaron a Jesús a crucificarlo, echaron manos a un hombre de Cirene llamado Simón, que venía del campo, y lo hicieron cargar con la cruz y llevarla detrás de Jesús. Mateo: Al salir de allí, encontraron a un hombre llamado Simón, natural de Cirene, a quien obligaron a cargar con la cruz de Jesús.
Es claro, pues, que que vino del campo y no tenía la menor idea de lo que el destino le depararía, como tampoco los profetas pudieron adelantar que aquel jardinero evitaría que Jesús falleciera antes de llegar al Gólgota, donde fue crucificado para que se cumpliera la voluntad el Padre.
Aunque Mateo, Marcos ni Lucas lo refieren, se afirma que el Cirineo, que en principio sintió disgusto, quedó luego conmovido por la ternura que expresaban los ojos del Redentor, a quien ayudó a levantarse, por lo cual se hizo merecedor de la gracia de Dios.
Aunque no ha merecido mayor atención de evangelistas o de historiadores del cristianismo, El Cirineo ocupa hoy un lugar cimero en la historia universal y su nombre se asocia, como el del Samaritano, a los más nobles sentimientos de solidaridad y compasión por el prójimo.
El relato bíblico de Simón el Cirineo, aunque breve, es tremendamente aleccionador porque resalta nobles sentimientos, aun cuando sean inicialmente consecuencia de un acto forzoso, porque siempre concluirá como una acción honrosa que dignifica alma y espíritu.
Los buenos y verdaderos dominicanos están, como el Cirineo, obligados a socorrer a sus compatriotas socialmente marginados a cargar su pesada cruz, hasta el lugar, no de crucifixión, sino de redención social y política, como Dios y los padres de la Patria lo han proclamado.

