Opinión

A RAJATABLA
Política y pelota

<STRONG>A RAJATABLA<BR></STRONG>Política y pelota

La política y la pelota constituyen  los principales pasatiempos de los dominicanos, quienes abordan  esos  temas con más pasión que razón, por lo que aquí todos son fanáticos del deporte rey o de la selvática partidocracia, a lo que se atribuye quizás el  aparente desgano ciudadano por   debatir a profundidad temas relacionados con la agenda de prioridades nacionales.

Las élites dominantes  se aprovechan de esa  particularidad para imponer criterios  superficiales, pero  convenientes a sus intereses, sobre  el menú de problemas o soluciones, lo que hace que  la sociedad  de vueltas en círculos en torno a las mismas dificultades que se alivian o se agravan de tiempo en tiempo, como quien  ingiere una aspirina para  conjurar un dolor cervical.

La nación confronta, por ejemplo, una  dilatada crisis del subsector eléctrico, sobre  la que todo el mundo expone sin que nadie entienda nada,  alrededor de la cual  suceden cosas inexplicables  como que el Gobierno  paga más de cinco millones de dólares mensuales para que los operadores de la planta generadora Cogentrix la mantengan apagada.

Esa planta de 300 megavatios por la que se paga para que esté apagada, puede  encenderse si  se cambian sus quemadores a gas natural, pero inexplicablemente la  compañía operadora del puerto de gas natural de Andrés, Boca Chica, no acepta construir un gaseoducto desde esa terminal hasta San Pedro de Macorís, donde opera la Cogentrix. El cálculo de costo comenzó en 27 millones de dólares y ya va por casi 90 millones.

Se sabe que  el ensamblaje del servicio  eléctrico acumula un déficit de oferta que se agrava al paso de los años,  porque empresas generadoras no invierten en nuevas plantas, a pesar de que  acumulan enormes utilidades gracias a los acuerdos viles y onerosos que sus respectivas embajadas le han impuesto al Gobierno.

A pesar del déficit, la generadora AES Dominicana trasferirá 100 megavatios a la minera Falconbridge, que antes suministraba a la distribuidora Edeste, la  empresa que cuando era de su propiedad, la traspasó  en tres dólares a un banco de inversión francés que a su vez demandó al Estado dominicano por más de mil millones de dólares,  para obligarlo a adquirirla por más de 26 millones de dólares.

Tampoco se entiende por qué un consorcio  poderoso como la minera Barry Gold,  en vez de  instalar generadores prefiera  despojar  al sistema de 200 megavatios  vía la adquisición de tres plantas, lo que, unido a los cien que venderá AES a Falcondridge y los 300 que no puede aportar Cogentrix por falta del gaseoducto suman 600 megavatios virtualmente perdidos.

Aquí se habla de apagones, alta facturación  y déficit de electricidad, y nadie explica que esto se origina en  el mentado acuerdo de Madrid, que ampara un ejercicio empresarial  inescrupuloso e inmoral.

El Nacional

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