Reportajes

Acontecimientos a gran escala zarandean el planeta

<P>Acontecimientos a gran escala zarandean el planeta</P>

Por Rafael P. Rodríguez
El Nacional
SANTIAGO.- Como si se quisiera cumplir alguna sentencia no develada en sus cimientos, muchos acontecimientos desde cierto tiempo a la actualidad, han estado ocurriendo a gran escala.

La enumeración de los hechos probablemente no dejará mentir sobre sus  exacerbadas dimensiones. 

Las cosas no están tan malas que no pudieran estar peores.

O, como se dijo alguna vez: lo bueno de esto es lo malo que se ha ido poniendo.

Claramente, cada minuto alguien comete una torpeza en el mundo y pocas veces, desde Irak a las Subprime, se habían suscitado tantas de modo continuo y sostenido.

Siempre hay -las leyes de la Naturaleza se mueven entre  la armonía y su fuente primordial, el equilibrio- una pequeña fisura en medio del oscuro devenir para que por él entre una dosis no desdeñable de esperanza y de optimismo.

Desde hace tres décadas irrumpió en el Caribe, con el ciclón David, la temporada de los grandes huracanes desoladores.

Después, al pacífico Sur le aconteció un tsunami histórico que transformó toda una isla edénica en lodo y escombros en medio de una mortandad sin precedentes en el área.

Las grandes tormentas continuaron su ritmo de devastaciones incluso en áreas no comunes.

A continuación sobrevino el cambio climático que ha decidido veranos supervalientes e inviernos con records de bajas temperaturas y tormentas de nieve en Europa y Estados Unidos.

 En el plano político, aconteció la caída del socialismo real en la Unión Soviética, en 1889.

El capitalismo que conoce la humanidad en estos momentos pudiera estarse tambaleando.

Sin embargo, no ofrece notaciones de encontrarse agónico, más todo puede ser.

Ha ocurrido la subida histórica de los precios del petróleo, la descongelación sin precedentes de grandes capas de hielo, la ampliación en términos parecidos de la capa de ozono.

El Amazonas, cuya inexistencia debería ser tomada como inconcebible, se ve reducido día a día en términos que no tienen parangón.

En una sola temporada de un año y en términos de horas en años recientes hubo terremotos en una cantidad record en diferentes lugares del mundo.

 Ahora

Ahora discurre una crisis económica a nivel global que no habían experimentado cerca de tres generaciones.

Esta crisis no tiene precedentes porque en ella confluyen más naciones que nunca antes, con economías más poderosas que las de 1930 y con una cantidad desaforada de capitales envueltos.

En término de los acontecimientos naturales no han ocurrido erupciones volcánicas que se consideran no menos históricas que las más sonadas.

Es cuestión de tiempo.

Se menciona una de ellas, la de un volcán que se encuentra próxima a las islas Canarias, en España, como capaz de producir un tsunami que alcanzaría a Norteamérica y parte del Caribe con olas monstruosas.

Comoquiera, siempre ha habido desastres.

La diferencia está en alguna medida en la atención, casi saturante, que le dedican los medios, el seguimiento puntual, la minuciosidad de detalles y las historias con sesgos múltiples que captan la atención del emisario generalmente pasivo.

Decir que este encadenamiento de hechos es profético o sometible a supersticiones y creencias de carácter metafísico o esotérico olvida que la tierra en sus inicios era una bola de fuego en la que lo catastrófico no era la excepción sino la regla.

Y obliga asimismo a preguntar ¿el cumplimiento de las profecías sólo ocurre para el género humano, para su escala de creencias, para su mala suerte o el castigo que le tiene reservado el cielo en vista de sus muchos errores o pecados?

Otras marcas negativas rotas en razón de la tecnología aplicada sin control se concretan en: Desaparición de especies en peligro y muerte de otras, contaminación e hipercontaminación de zonas marítimas antes destacadas por su producción pesquera, en peligro también, daños irreparables en áreas selváticas sensibles y frágiles, ampliación de los desiertos del mundo, temperaturas no conocidas por el hombre moderno por su elevación capaz de poner en peligro al organismo humano, contaminación y desaparición de fuentes de agua dulce a escala planetaria, también.

El Nacional

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