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¡Adiós al maestro!

¡Adiós al maestro!

Ramón Rodríguez

Podría exclamar: ¿Qué has hecho maestro?, tal y como lo hizo el príncipe del modernismo, Rubén Darío, al enterarse que José Martí, había caído en Dos Ríos, de cara al sol como siempre quiso. Sé que me diría en tu tono jovial, como el poeta aquel: ‘’ Ahí llegó ella, la muerte, siempre intrusa’’.

Sólo que pudiste astutamente, Adriano del Jesús de la Cruz Rodríguez, engañarla, pues sólo le entregaste tu cuerpo físico, dejándonos a todos tus amigos y discípulos, tu alma bella, tus conocimientos, tu eterna sonrisa y un legado imperecedero a través de tus miles de alumnos que abrevaban en tu fuente del saber y sabrán justificar tu paso por esta patria de Duarte que tanto amaste.

Llenaste los preceptos morales que esparció Pedro Calderón de la Barca en su obra ‘’La vida es sueño’’, cuando hizo alusión al que el hombre debe comportarse siempre con bondad y justicia, pero usted maestro, añadió un valor mucho más categórico: fuiste honesto hasta la terquedad.

No hubo logros personales, que perturbaran tu conciencia ciudadana, tu amor a tu querida Villa Juana y tu compromiso ineludible de enseñar con propósitos morales.

Lleva en tu pecho la condecoración con la Orden de Duarte, Sánchez y Mella por tu gran labor humanística. Cientos de reconocimientos otorgados por diversas instituciones, cuelgan en las paredes de tu hogar, sin embargo, el mayor reconocimiento que podemos hacerte, quienes fuimos tus amigos, alumnos, es emular tu humildad, tu nobleza y jamás olvidar que “toda la grandeza del mundo cabe en un grano de maíz’’ como profesó al apóstol cubano.

Adriano, tu legado permanecerá, mientras exista un ser humano que tú hayas impactado como educador. En resumidas cuentas, nos quedamos a deber contigo. Nos diste mucho, demasiado, diría. Vuela alto maestro, con tus alas blancas desprovistas de maldad.

Le enseñaste a tu maestro Albert Camus y al mismo Jean Paul Sartre, que la vida no es absurda y que tiene sentido, siempre y cuando la entreguemos a la juventud y la patria agradecida.

Por: Ramón Rodriguez
centrodeidiomaswashington@

El Nacional

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