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Admirador obsesivo

Admirador obsesivo

Pedro P. Yermenos Forastieri

Desde que se hizo adolescente se interesó por conocer la historia de ese hombre que tanto le impactaba. Mientras más información recababa, más se convencía de las similitudes que descubría entre ellos y eso incrementaba su anhelo por vincularse a él.

Lo cierto es que las coincidencias eran enormes. Iniciaban con la fisionomía. Color de la piel. Contextura física. Vozarrón estruendoso. Forma de modular la voz. Luego seguían las características sociales. De ascendencia extranjera que a ambos colocaba en la mirada prejuiciosa de una sociedad que se considera blanca cerebral al margen de rasgos étnicos.

Su ídolo era dirigente político trascendente. De inmensa influencia en sectores marginados, lo cual era fuente de seducción para alguien a quien no faltaban motivos para sentirse atraído por una figura que cada vez admiraba más.
Presuroso, se inscribió en un comité de base del partido que presidía su indiscutible líder.

Desde ese instante, sus esfuerzos giraban en torno a descubrir el mecanismo que pudiera convertirlo en parte del círculo que acompañaba a su personaje en actividades que realizaba en toda la geografía nacional. Soñaba con estar a su lado la mayor cantidad de tiempo. De esa manera, lo observaría con tal minuciosidad, que continuaría el perfeccionamiento de la imitación que con empeño obsesivo procuraba.

Supo que el vecino de un familiar era camarógrafo personal de su idolatrado, e integraba el grupo de comunicación. Logró que su pariente se lo presentara. Le manifestó su disposición de hacer lo que fuere a cambio de acompañarlo en las giras políticas.

Las cámaras de filmación eran enormes, pesadas, de difícil transportación. Manejar aquello y al mismo tiempo hacer tomas, no resultaba fácil para una persona. Así llegó su oportunidad. El señor prometió gestionar que lo designaran su ayudante. El día que llegó la respuesta lo marcó para siempre. Era un sueño hecho realidad.

La noche previa a su primera experiencia, no durmió. Quería que amaneciera para dirigirse al punto de encuentro para partir al noroeste, tierra natal del líder, lo que prometía un recorrido apoteósico.

Llegó al lugar horas antes de la convocatoria. Era la residencia de la máxima figura.

Su cuerpo estaba estremecido aguardando la salida del esperado. Cuando ocurrió, no podía creerlo. Aquel sujeto irradiante de carisma se dirigió a él. “Estoy informado de su incorporación al equipo y le doy la bienvenida”.
Lo abrazó. El muchacho sintió la poderosa energía de un personaje de leyenda.

El Nacional

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