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Documentos de la tiranía nazi
Tampoco los asesinatos, persecuciones, deportaciones y otras aberraciones del régimen nazi de Adolfo Hitler, en la Alemania de 1934 a 1945, están escritos en documentos que puedan consultar los historiadores y que constituyan la historia de ese gobierno.

 Ni el holocausto que costó la vida a unos seis millones de judíos en los hornos crematorios de los campos de concentración de Dachau, Treblinka, Buchenwald, Bergen-Belsen, Birkenau, Aschwitz y otros.

 Pero mujeres y hombres y niños y ancianos, fueron reducidos a su mínima expresión humana mediante el hambre y otra tortura y muertos por ello o asesinados a tiros y golpes o con el fuego de los hornos.

 Un museo en Alemania recuerda al holocausto y lo historia mediante testimonios y documentos apenas con las listas de prisioneros y las fechas en que fueron apresados.

 El mundo presenciaría esa aberración cuando, a la liberación en 1945, fueron expuestos los campos con las figuras cadavéricas de los prisioneros judíos que habían podido conservar la vida y se localizó las tumbas colectivas.

 El alto mando alemán, los coautores y militantes de la doctrina de la superioridad aria y la inferioridad de todas las otras razas y etnias, conocían de los planes de la “solución final” y así lo escribían en informes y otros documentos oficiales.

 Pero allí no está en detalle la invención de los campos de concentración ni la de los hornos crematorios ni el tenebroso detalle de que tampoco podían escapar a la redada de la muerte los niños ni ancianos judíos.

 Una tiranía doctrinaria, como lo fue la de Hitler en la Alemania nazi,  pretende no actuar por el criterio y voluntad enfermos de un caudillo sino por un imperativo científico aplicado a la creación de una sociedad.

 Hitler y sus generales e intelectuales creyeron en realidad en la superioridad aria y se sintieron misioneros de un dios temible e implacable que les ordenaba el exterminio de los judíos y miembros de otras “razas inferiores”.

 En los años del nazismo, que no nació en 1934 con la toma del poder, hubo amplias posibilidades de que el Partido Nacional Socialista formara a las juventudes y les transmitiera los principios de esa doctrina.

 Los últimos soldados de Hitler, ya con los aliados a las puertas de Berlín, eran niños para los que no había dios sino el caudillo ni preceptos religiosos como no fueran  la defensa del régimen a riesgo y a costa de la propia vida.

 Pero tampoco hay documentos que ordenen siquiera la muerte de un judío o de algún otro enemigo del régimen. Ni su persecución, encarcelamiento, deportación o confinamiento en lugares de detención que no eran las cárceles ni, después, los campos de concentración.

 Pero igual que los sicarios y usufructuarios de la tiranía de Rafael Trujillo en la República Dominicana, los nazis y neonazis se amparan hoy en la inexistencia de documentos para negar hasta el holocausto.

El Nacional

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