Opinión

Al día

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En el PLD ni en el PRD
Ni siquiera cuando con timidez el Partido de la Liberación logró el poder en 1996 se comprobó en su mentalidad y acciones una actitud que no fuera la tradicional frente a la mujer partidaria y nacional.

 Juan Bosch no se distinguió por feminista y en el Partido Revolucionario ni en el PLD creó las condiciones de igualdad, consideración y respeto para que las mujeres activaran y alcanzaran por méritos los altos puestos que reservaba a sus elegidos.

 José Francisco Peña Gómez, en el PRD, aprendió en esa escuela y las mujeres que descollaron en torno suyo lo hicieron como esposas, secretarias o mensajeras de dirigentes para lo doméstico.

 A fines de los doce años de Joaquín Balaguer –el primer período del neotrujillismo que sembró el envilecimiento y la corrupción como mentalidad y normas del quehacer político de los suyos y de los demás-, varias de las mujeres que activaban en el PRD para 1961 fueron seducidas por la compra-venta balaguerista o se habían apartado de la actividad.

 Las que quedaron, a la sombra de Peña Gómez hicieron la labor que convenía al caudillo, siempre subordinadas y siempre relegadas a planos fuera de la condición y calidad de dirigentes, aunque ocuparan “de dedo” alguna posición en el comité ejecutivo nacional o cualesquiera de los organismos de “codirección” creados “a troche y moche” por el “máximo líder”.

 Balaguer, quien en conocimiento de las debilidades de Peña Gómez hizo de él cuanto quiso y lo llevó a proclamarlo tras el baño de sangre y corrupción de sus 22 años de poder como “padre de la democracia”, lo limitó a una política de supervivencia que no le dio tiempo de ocuparse de las mujeres más que como esposas, novias, hermanas o amigas suyas o de los dirigentes de su círculo.

 Milagros Ortiz Bosch, desde un principio con ciertos reales en el PRD en su condición y calidad de sobrina de Bosch, y por ello respetada aunque de lejos y sin tomarla mucho en cuenta, sobrevivió a su renuncia para irse con el tío en la formación del PLD y, cuando volvió, lo hizo más por ser la sobrina del fundador de los dos partidos que por sus méritos.

 Del grupo de mujeres de todas las edades y condiciones de clase que se acercó al PRD desde julio de 1961, Ortiz Bosch es de las únicas que queda, aunque con una vicepresidencia 2000-2004 que amenazó con triturarla. Las demás son esposas, novias, hermanas o amigas de dirigentes a las que, cuando el partido va al poder, les toca el puesto de cierta importancia que negocian para ellas esposos, novios, hermanos o amigos del círculo del poder.

 El envilecimiento de la política por la corrupción y el clientelismo tiene a la mujer de los partidos de la Liberación y Revolucionario en una condición y calidad tan insignificantes como en los años de la tiranía de Trujillo y del neotrujillismo de Balaguer, aunque sea cierto que ninguna “le lleva el maletín” a los altos dirigentes que han utilizado el poder para el enriquecimiento más escandaloso.

El Nacional

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