Basura impresa
Valdría un anagrama entre Alicinio (Peña Rivera) y asesino: Alisino. Que no otra cosa fue en las filas militares de los criminales y delincuentes que formó el tirano Rafael Trujillo en sus fuerzas armadas y policía.
Fue jefe del Servicio de Inteligencia Militar, entre comillas porque al verdadero, coronel John (Johnny) Abbes García, lo envió el tirano a una misión internacional para la que no convenía el puesto oficial.
Pero de eso no habla en la hoja de vida que publica en las solapas de sus libros, cuatro, a saber, ninguno de los cuales vale la pena dado que son, todos, argumentaciones trujillistas para tratar de explicar lo inexplicable, justificar lo injustificable y encubrirse.
El capitán Peña Rivera era jefe del SIM y como tal le tocó planear y ejecutar entre otros el asesinato de las hermanas Mirabal y Rufino de la Cruz, el 25 de noviembre de 1960, cuando Patria, María Teresa y Minerva regresaban tras visitar en la cárcel de Puerto Plata a dos de sus esposos, presos por el descubrimiento del movimiento clandestino del 14 de Junio.
(Condenado y preso en la Fortaleza Ozama por ese crimen, aprovechó la confusión de los primeros momentos de la revolución constitucionalista y guerra patria de Abril de 1965 y pudo escapar a Puerto Rico).
Con esa autoridad, y sin que a la fecha haya una confesión, tiene publicados La historia oculta de un dictador, Trujillo: la herencia del caudillo, Los cadáveres salen a flote y El Playboy Porfirio Rubirosa. Su Vida y Sus Tiempos, ninguno de los cuales aporta un dato confiable.
El último (Victoria Press, Miami, Florida, 332 páginas), mala copia de obras publicadas antes de las que malcita en una supuesta bibliografía final que redactaría el analfabeto que en la materia puede ser el autor.
Como Porfirio Rubirosa desarrolló su carrera y su vida en los jet set de París y otras capitales europeas y de América, donde se desempeñó como espía internacional de la tiranía de Trujillo, Peña Rivera lo trata con la admiración trujillista de estilo, y con la inferioridad y subordinación que debe suponerse.
(El capitán y jefe del SIM no puede siquiera escribir cognac y todos sus problemas de gramática son elementales como corresponde a un guardia que, creen ellos, lee comoquiera y comoquiera escribe).
El Playboy no merece pena más que la del profesional obligado a leerlo todo para poder entresacar el trigo de la cizaña, tarea que concluirá en el caso con la conclusión de todo es cizaña sin siquiera un grano de trigo.

