Desde hace varios años, Haití está ocupado por tropas de Naciones Unidas que reciben el nombre de Minustah. Ha habido intentos por iniciar la institucionalización del país pero no se ha logrado con la elección y gobierno de René Preval.
La ayuda que acumuló el país tras el terremoto de enero de 2010 no ha podido invertirse porque no se ha confiado en el gobierno para hacer el mejor uso de esos fondos en provecho del pueblo haitiano.
Ha llegado solo la ayuda humanitaria inmediata en médicos y medicamentos, alimentos y tiendas de campaña para alojar a los damnificados.
Hace algunas semanas hubo elecciones en Haití y la comunidad, que como todo pueblo en sus condiciones necesita de una esperanza, escogió al cantante popular Michael Martelly como presidente.
Durante los días de esa campaña electoral, fuerzas extranjeras lograron que regresaran al país Francois (Baby Doc) Duvalier y Jean Bertrand Aristide.
Lo que une a estos dos líderes es pertenecer, el primero, al extremo de la corriente despótica que ha pregonado y practicado la explotación y opresión del pueblo y, el segundo, a una ideología y vocación democráticas que en varias oportunidades se ha dado de frente con las ambiciones de la élite oligárquica del país y con el mejor interés de Estados Unidos.
Con el país invadido por la Minustah y la amenaza del despotismo duvalierista y oligárquico, el cantante popular Martelly podrá hacer bien poco por su pueblo, si es que ha tenido alguna vez esa intención.
A principios de abril, el presidente electo hizo conocer su intención de reorganizar al ejército, disuelto hace varios años como resultado de la ocupación militar de Naciones Unidas.
En Haití, la única institución que ha funcionado a lo largo de su historia es el ejército pero como fuerza invasora en su propio país, mecanismo de continuismo de poder por la mentalidad despótica y estructura de represión y corrupción.
(En Santo Domingo hay, millonarios, dos o tres de los generales que ocuparon el poder en la transición del derrocamiento de Baby Doc hasta la primera elección popular de Aristide.
(También hay, más millonarios, elementos de la oligarquía que prohijaron y usufructuaron de esos gobiernos militares).
¿Para qué quiere Martelly refundar al ejército haitiano?
Sin temor a prejuicios, lo primero y más claro que se ocurre es que el cantante popular, aún antes de juramentarse y de entrar en posesión de un gobierno parcial, querría garantizarse medios para perpetuarse en el poder.
Y el ejército sería el único medio.
Cualquiera piensa que así no se resuelve ni el más elemental de los problemas haitianos.

