Me ha llenado de regocijo el anuncio de las candidaturas femeninas para vicepresidenta que han hecho ya tres partidos políticos. Confieso que me ha asombrado el currículo político de las tres, pero en particular el de la candidata de Santiago, con una experiencia profesional bordeando la excelencia.
Lo mismo se aplica a su manejo del debate político. Nada de estridencias, violencia verbal, o física, ni descalificaciones, de hecho lo que acaba de hacer la señora Sergia Elena de Seliman es asombroso. Le ha dicho a Margarita Cedeño, actual vice del PLD y esposa de su principal opositor: Leonel Fernández, que “trabajará día y noche para que sea Primera Dama de la República”. ¡Insólito”!.
Eso pone a Margarita en una posición compleja, ya que el pueblo dominicano no entiende que en una pareja haya independencia de criterios y mucho menos de comportamiento y en su idea tradicional del matrimonio asume que los esposos se apoyan mutuamente. Por eso, cuando Leonel salió bailando con una bella desconocida, Margarita respondió bailando con uno de los ministros del gobierno, en una guerra mediática que es la comidilla nacional.
Chismes y especulaciones aparte, lo que importa es que tres mujeres son ya candidatas a la vicepresidencia y que es seguro que Minoú lo será de Alianza País, como se espera desde la histórica fusión de las dos organizaciones que presiden Guillermo Moreno y ella.
Con cuatro mujeres, que no se conformaran con ser figuras decorativas, el país podrá darse un respiro de las imbecilidades nacionales del liderazgo masculino, desde un ministro de medioambiente que es el primer depredador de las áreas protegidas, hasta un procurador que parece estar más preocupado en aumentar sus bienes (calculados en 2,000 millones de pesos) o pasear en su yate de US$800,000.00 dólares, que en completar los procesos judiciales a su cargo.
Podría seguir enumerando las fortunas inexplicadas de las actuales autoridades gubernamentales, pero mi objetivo es celebrar el liderazgo femenino, que espero comience con una declaración pública de sus bienes para que después puedan explicar cuando sea necesario por qué han crecido o decrecido durante su gestión, algo que no hemos logrado que haga Caamacho ni ningún otro ministro en función.
Es de esperar que las tres vicepresidentas no olviden que su elección es resultado de una larga lucha, que comenzó con el reconocimiento de que las mujeres son la otra mitad del país, y la mitad del electorado, y que sin ellas la nación no funciona, aunque su trabajo doméstico aun no se cuantifique económicamente, y sigan recibiendo un menor salario por la misma función cuando “trabajan”.
A celebrar pues el salto político en la civilización política dominicana que significa su elección.

