Covid y vacunas
Quiero insistir en que la covid-19 es aún un serio problema de salud para el país y el mundo, y que independientemente de que el Gobierno hizo lo posible por tener disponibilidad de vacunas, el esquema utilizado no fue efectivo, se improvisó mucho y se cambió varias veces de estrategia, amén de agregar una tercera dosis innecesaria cuando aun teníamos los porcentajes bajos de las dos dosis indispensables, especialmente la segunda. Esa tercera dosis afectó sobre todo la segunda.
No creo en estímulos para darle a la gente que debe cumplir con un deber, como es vacunarse, tal y como lo establece la Ley General de Salud, y tampoco creo que se deba obligar a la vacunación ni establecer intimidaciones laborales, ni mucho menos sanciones para los que no quieran vacunarse; tarde o temprano tendrán que hacerlo porque muchos países e instituciones de servicios lo están exigiendo. Mucho cuidado con la tarjeta de vacunación que pueden ser usadas para certificar vacunaciones no realizadas.
Pero en esta columna, y a través de otros medios de comunicación, he insistido que con una campaña de vacunación casa por casa, tipo las jornadas que hacíamos en las años 80-90 y a inicios de este siglo, que se tomaba todo un fin de semana, se involucraba a todo el personal de salud, a las organizaciones de la sociedad civil, comunitarias, iglesias y se peinaba el país entero. Si alguien faltaba se utilizaban los lunes para que el personal de salud completase los que no estaban en sus domicilios o tenían alguna condición que se lo impedía.
Así no se nos escapa nadie y estoy seguro que los que no quieren vacunarse son menos del 2% y así cubriríamos con creces más del 80% de vacunados, evitaríamos la “pandemia de los no vacunados” y llegaríamos a la inmunidad de rebaño lo que es por mucho “algo más que salud”. PD. Me he puesto a disposición del ministro de Salud y la vicepresidenta que preside el Gabinete de Salud y no me han requerido.
Por. José Díaz
asesaijd@gmail.com

