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Análisis: Rivales de Bolsonaro no apostaron por unión

Análisis: Rivales de Bolsonaro no apostaron por unión

DF - Brasilia - 08/29/2017 -JAIR BOLSONARO. Joint Chamber and Senate Session - Eunicio Oliveira, President of the Federal Congress, presides this Tuesday, August 29, the Joint Session between the House and the Senate held in the House plenary. Photo: Mateus Bonomi / AGIF. AFP. PARA INTER SILVIA

RÍO DE JANEIRO (AP) – Al igual que muchos rivales de Donald Trump lo consideraban inelegible en 2016, los detractores de Jair Bolsonaro, ganador de los comicios presidenciales en Brasil, siempre creyeron que el candidato ultraderechista era un mero mecanismo de control.

Al igual que Trump, quien fue captado en video jactándose de tocar los genitales de las mujeres, Bolsonaro ingresó a la contienda presidencial con un largo historial de comentarios ofensivos hacia distintos grupos.

En dos ocasiones le dijo a una legisladora que era demasiado fea para ser violada, comentó que era preferible tener un hijo muerto que uno homosexual, y a menudo se expresó de los negros y los indígenas en forma despectiva.

El excapitán del ejército acusó de calumnia a las instituciones democráticas y argumentó que si la dictadura que gobernó el país entre 1964 y 1985 cometió un error, fue el de no haber ido lo suficientemente lejos para matar a los comunistas que amenazaban a la nación.

La lógica era que todo eso lo hacía demasiado tóxico para la mayoría brasileña, una nación conservadora pero en la que muchos se enorgullecen de su estilo de vive y deja vivir.

La creencia era tan sólida que los partidos de toda la gama política nunca sopesaron una estrategia de unidad en contra de Bolsonaro. En su lugar, se disputaban la posición, creyendo que cualquiera que finalizara segundo entre la docena de aspirantes, vencería a Bolsonaro en la segunda ronda electoral del pasado domingo.

El Partido de los Trabajadores, que había ganado las últimas cuatro elecciones presidenciales, parecía el mejor posicionado a pesar de sus problemas: filas diezmadas y una mala imagen producto de la investigación por corrupción «Operación Autolavado» que involucra miles de millones de dólares en sobornos a políticos en contratos de construcción inflados.

Operando bajo el supuesto de que el triunfo de Bolsonaro era imposible, el partido decidió que su mejor oportunidad de llegar a la segunda ronda – y por tanto a la victoria – era depender de su portaestandarte, el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, a pesar de que en abril comenzó a cumplir una sentencia de 12 años de cárcel por corrupción.

Aunque era evidente que la candidatura de Lula sería prohibida eventualmente, contaba con el respaldo de suficientes brasileños para encabezar las preferencias durante más de un año.

El partido pensó que podía designar a un reemplazo de último minuto y que el respaldo de Lula pasaría automáticamente al nuevo aspirante. Fue precisamente lo que ocurrió con el exalcalde de Sao Paulo, Fernando Haddad, cuyo slogan de campaña fue «Haddad es Lula, Lula es Haddad».

Pero el Partido de los Trabajadores no reconoció en ningún momento su papel en el escándalo «Autolavado». Y el partido tampoco abrió su panorama más allá de Lula. Aunque sigue siendo querido por muchos, también es repudiado debido a la investigación anticorrupción y la recesión que sufrió el país durante el gobierno de su sucesora Dilma Rousseff, quien fue destituida en 2016 por manejo ilegal del presupuesto federal.

El Nacional

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