En la antigüedad europea los griegos y romanos pensaban que el plátano era alimento apropiado solo para los habitantes de la India, aunque se le cultivaba limitadamente en algunas zonas de la cuenca del Nilo, en Egipto.
Su nombre científico actual es musa paradisiaca, derivado de su antiguo nombre genérico, musa, con el que lo conocieron los cronistas españoles Pedro Mártir de Angleria, Bartolomé de las Casas y Gonzales Fernández de Oviedo, entre otros.
Las caravanas de mercaderes que atravesaban el Sahara desde Egipto y Sudán hacia el corazón de África en busca de oro, esclavos, maderas preciosas, pieles y marfil fueron responsables de su difusión por el África tropical. Este fue un proceso que duró varios siglos, tiempo durante el cual el plátano y sus variedades fueron adoptando nombres particulares según las distintas regiones que lo cultivaban. Uno de esos nombres fue banama, banano o banana.
Para el tiempo en que Colón se dispone a viajar hacia el oeste del Océano Atlántico, en 1492, el plátano había cruzado por el mar desde el continente africano hasta las Islas Canarias y allí se cultivaban algunas variedades.
En estas islas se le conocía como plátano, aun cuando existe un árbol europeo completamente distinto que lleva el mismo nombre y se distingue muy claramente, por sus enormes diferencias, con la musa.
De los escritos de Cristóbal Colón se desprende que este almirante no trajo el plátano al Nuevo Mundo en su segundo viaje ni posteriormente. La relación de plantas y semillas que él dice haber recogido en Canarias y en Andalucía para plantar y trasplantar a la Española no incluyen esta hierba gigante.

