Como aquí todo es una chercha y pocas cosas se toman en serio, no me extraña el comportamiento despreocupado exhibido por una gran parte de la población en cuanto al e impacto letal del coronavirus o Covid-19.
Es un comportamiento suicida, una actitud desafiante y temeraria la que a cada momento vemos modelar a ciudadanos en el territorio nacional.
De nada han válido las advertencias, orientaciones, recomendaciones e informaciones de los rectores del sistema de salud e internacional sobre la importancia de mantenerse confinado y protegido.
Tampoco se amedrantan por las significativas estadísticas de 647 muertes y 25,068 infectados. Pero mucho menos parece importarle el incremento espantoso de los contagios y muertes por Covid-19 en relación a las semanas anteriores. Es una suerte de locura colectiva.
En ese contexto, si en este país las autoridades, los partidos, la población no son capaces de entender la dimensión del problema y continúan jugando uno a la complacencia (el Gobierno) y el otro a la irresponsabilidad (partidos y población) aquí no sabemos dónde vayamos a parar con esa enfermedad. Esto no es juego.
Óigase bien, si aquí se tiene que posponer las elecciones para no exponer a los electores, que se pospongan. Y que no vengan con el chantaje de que lo que planteo tiene la intención de propiciar una prolongación del actual mandato porque no es así.
El país posee una Constitución que dice que hacer en esos momentos de emergencia y por demás el presidente Danilo Medina ha dicho que ni un día más del 16 de agosto en el Palacio Nacional.
Por: Alberto Quezada
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