Los Dueños de la Alfombra
La alfombra roja de los premios Casandra fue este año mejor producida que en otras ocasiones, con una organización y un montaje muy bien llevado, lo cual acredita el trabajo de Pinky Pintor y de la televisora Telesistema, responsable de la transmisión que llegó a todo el país, con los mayores niveles de aceptación y de audiencia.
Pienso sin embargo que ha llegado el momento de organizar mejor las cosas.
En la pasarela se ha establecido una competencia paralela a la de los premios del ceremonial Casandra.
Los artistas y las personalidades invitadas compiten por el premio a los mejores vestidos, lo cual genera una lucha de intereses de diseñadores y modistos que en algunos casos llega a niveles vergonzosos.
La alfombra virtualmente ha sido tomada por asalto por modistos que cada año se sirven »con la cuchara grande», estableciendo un mecanismo que les permite no solo hacer negocio con los participantes a quienes visten, sino también porque ellos mismos se premian merced al empleo de los denominados fashionistas con los cuales operan.
Han creado un premio paralelo al Casandra que de alguna manera debería ser regulado.
Los organizadores y patrodinadores del Casandra deberían establecer un jurado que de manera oficial establezca quienes son los mejores vestidos, lo cual en modo alguno impediría el laborantismo de los fashionistas que siempre hacen sus selecciones conforme a sus conveniencias, pero se enfrentarían a una votación más formal e institucional.
En el Casandra los cronistas de arte conforman el jurado del premio, y en la alfombra debería haber uno también que discierna con propiedad sobre los mejores vestidos de la pasarela, de manera que en gran medida se le quite a los modistos la manipulación que ejercen en la antesala.
De no ser así los artistas y la gente del medio que participa en los premios, se verán obligados a continuar vistiendo los diseños de los dueños de la alfombra, para poder clasificar entre los diez mejores vestidos, aún ello no sea cierto.

