No considero correcta la actitud de algunos artistas del pasado que se
han constituído en gendarmes del arte, y asumen una actitud permanente de rechazo a todas las nuevas manifestaciones del arte popular, especialmente la música.
En vez de creerse policías antimotines y de estar repartiendo macanazos a «diestra y siniestra», como si estuvieran disolviendo una manifestación pública, lo que deberían hacer esos viejos agentes del arte es orientar a los jóvenes artistas para que corrijan los errores y fallas en que pudieran estar incurriendo.
La actitud de que lo que ellos hicieron es lo que sirve y lo otro no, es incorrecta.
Porque en el fondo lo que se ve es el afán de competir con las nuevas generaciones.
Es imposible que artistas que vienen desde de la era de Trujillo quieran a estas alturas competir con los nuevos intérpretes, en vez de asumir una actitud que les haga ganar el respeto y la dignidad que merecen.
Imposible que los viejos puedan competir con los jóvenes, pues las casas disqueras lo que buscan es a la nueva Shakira o Chayanne, y a las figuras del pasado, como José Luis Rodríguez (El Puma), si le graban, es un álbum de concepto. (El Puma Interpreta a Los Panchos, por ejemplo).
En vez de atacar todo lo que hacen los jóvenes, si en verdad quieren de alguna manera lograr vigencia, lo que tienen que hacer es asimilar las nuevas tendencias, no rechazarlas de plano.
Un ejemplo inteligente de ello lo dió la legendaria Celia Cruz, que al
final de su carrera grabó temas como Carnaval y La Negra Tiene Tumbao, asimilando los ritmos modernos, y se ganó a la juventud.
De lo contrario, los gendarmes del arte deberían entender que ya su carnaval pasó. Tratar de reprimir las expresiones artísticas de consumo popular que se imponen en el mercado no es la mejor forma de educar ni de orientar.

