Uno de los detalles que más me llamó la atención la primera vez que visité el Museo del Prado en Madrid, fue observar a los estudiantes de pintura haciendo réplicas de obras de pintores famosos, como parte de sus prácticas de aprendizaje.
Habían reproducciones que en nada se diferenciaban de los lienzos originales, hechas a la perfección, con un dominio expresivo estupendo, con lo cual esos estudiantes se aparajaban con las técnicas y la capacidad desplegada por los grandes maestros a los cuales copiaban.
Da gusto ver aquello…
Traemos el asunto a cuento, a propósito de la tendencia dominante en la televisión de este tiempo como son los programas denominados «reality shows», o «tele-realidad», como también se les llama en el mercado hispano.
La televisión criolla no escapa a esa moda, como tampoco a los llamados «programas de temporada», en los que algunos productores criollos han tenido un relativo acierto, sin que de otros se pueda decir lo mismo.
En su mayoría son copias de programas que los televidentes criollos ya han visto en canales extranjeros que llegan a través del cable.
Hay que concluir en que se necesita ser muy «cara dura» para poner en pantalla ciertas clonaciones mal hechas, que la gente tiene la oportunidad de comparar con las de fuera.
Algunos de esos programas lo que dan es pena, pues hasta para copiar y compararse a los originales hay que tener talento.
Se pueden apreciar las copias, cuando están hechas.
No así aquellas que salen de fotocopiadoras a las cuales se les agotó la tinta.

