Opinión

Asuntos sin resolver

Asuntos sin resolver

Mientras el panorama electoral mantiene campañas de “siempre lo mismo”, y el pueblo soporta los 33 días que faltan para el sufragio, un ex teniente de la Fuerza Aérea Dominicana, Rafael Sierra Pérez, ejecutó sumariamente a dos menores, golpeándolos primero y disparándoles después, en la cabeza, el tórax y el cuello, más de cinco o seis disparos entre ambas víctimas.

El crimen de Yordy Stubbs Demorizi y Eduardo Miguel Cabrera, de 16 y 17 años, fue querer bañarse en un charco en el sector La Caleta de Boca Chica, lo que molestó al ex militar de más de 40 años. ¡Dígame usted si esto tiene sentido!

Precisamente, abril se dedica a la reflexión de la situación de las niñas, niños y adolescentes y los crímenes impunes contra este grupo poblacional con supuesta protección del Estado y de la comunidad, para quien los/as menores de edad legalmente, son el interés primero del país.

Sin embargo, no alcanzan las cuartillas para describir la posición de la niñez dominicana, donde, de acuerdo al segundo estudio de tolerancia social, “El comercio sexual con personas menores de edad en Centroamérica, Panamá y República Dominicana. Análisis de resultados, desafíos y recomendaciones”, presentado por UNICEF el año pasado, el maltrato, el abuso y la explotación sexual comercial contra niños, niñas y adolescentes, es un problema real, con altos niveles de tolerancia en República Dominicana.

A finales de 2006, participamos con OIT, en una investigación de Trata y Tráfico de menores en Santiago, entrevistando 16 menores en esclavitud sexual comercial, con un impacto emocional que contribuyó como uno de los peores dolores coleccionados en la vida. Solo compartir el de aquel niño haitiano de 13 años que contaba: “…Cuando vine a Santiago tenía siete años, una mujer de mi barrio en Haití me trajo para vender maní. Mi mamá murió cuando yo era pequeño y hace ocho años que no veo a mi familia. Desde que estoy aquí duermo en la calle, donde me coja el sueño. Cuando Migración me lleva a Haití, yo regreso caminando hasta Villa Vásquez. No tengo acta de nacimiento haitiana ni dominicana. Tengo relaciones anales con diferentes personas y me emborracho para olvidarme de todo… Hay personas que se aprovechan de esto. Por necesidad lo hago. ¡Dios me cuida”.

Todavía se sienten escalofríos en los alrededores de emblemático Monumento a la Restauración, adonde siguen yendo hombres prestantes en vehículos de vidrios oscuros, a buscar niños y niñas, algunos de menos de 10 años, en una macabra proposición de adultos con poder y dinero.

¡Apunten, postulantes electorales!

El Nacional

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