BUENOS AIRES. EFE La polémica por el matrimonio homosexual en Argentina ha alcanzado su mayor grado de crispación a escasos días de que el Senado debata un proyecto que dividió aguas en la sociedad y profundizó las diferencias entre el Gobierno y la Iglesia católica.
Como si faltaran ingredientes en este pulso, el oficialismo y la cúpula eclesiástica se enzarzaron en los últimos días en un cruce dialéctico de alto voltaje para defender, unos, y rechazar, otros, esta iniciativa que apunta a reformar el Código Civil para cambiarlos términos «marido y mujer» por «contrayentes».
Este jueves, el ex presidente Néstor Kirchner, uno de los abanderados del proyecto legislativo, acusó elípticamente al Episcopado de «presionar» a los senadores para que el próximo miércoles voten en contra de la iniciativa, que ya cuenta con mediasanción de la Cámara de Diputados.
«Cuando se tiene que presionar es porque hay muy pocos elementos para convencer (…) El país dejar definitivamente las visiones discriminatorias y oscurantistas», disparó el actual diputado y esposo de la presidenta argentina, Cristina Fernández.
Por su parte, el cardenal primado del país, arzobispo Jorge Bergoglio, advirtió en una carta que el proyecto «puede herir gravemente a la familia» en caso de ser aprobado por el Parlamento.
«No seamos ingenuos: no se trata de una simple lucha política; es la pretensión destructiva al plan de Dios», señaló.

