La memoria varía en intensidad y no es imparcial.
Procede según impulsos neuronales que la voluntad individual mueve y remueve.
Ella se expresa de acuerdo al interés que nos merezcan los acontecimientos del pasado remoto o contemporáneo.
Tendemos a recordar más y mejor, aquello que nos interesa, no importan las íntimas razones que intervengan en ello.
En las mustias y descoloridas páginas de la historia nacional no apareció hasta el presente, ni se sugirió, la idea de que la Oficina Particular del Generalísimo llegó a convertirse en el más importante ministerio del Gobierno y referencia obligada de sus testaferros.
Tampoco se dijo, salvo en discretas publicaciones apenas conocidas, que desde ese gran ministerio salían los emolumentos que percibía la hoy amnésica hija mimada Angelita Trujillo.
Demás está precisar que María de los Ángeles Trujillo Martínez disfrutaba, tanto como una princesa de la realeza, de todos aquellos privilegios que le deparaba la imaginación en los días de gloria del reinado de la Era.
Incluso sus estipendios económicos para viajes de placer a Europa o a Estados Unidos se veían previa y eficientemente cubiertos por la Oficina Particular. Ella declaró en medio del torbellino que siguió al intento de publicar las memorias que le deparó el estar al lado de su poderoso padre, no saber nada del centro de torturas conocido como La 40. Probablemente tampoco recordaría, aunque nadie se lo preguntó, cuanto cobraba como accionista de varias compañías de su amado padre en esa Oficina Particular.
Su hermano Ramfis, otro mimado hasta lo indecible, veía surgir desde el encanto de la atención del padre, las fuertes sumas de dinero que atendían a sus menores caprichos.
Ese instrumento personal del desconfiado Rafael Leónida Trujillo Molina, fue creado precisamente por inspiración suya, para que pudiera operar independientemente de las instancias institucionales del Estado, supervisados sus variados negocios por él a través de personas de su mayor confianza y al amparo, como quien se cura en salud, de cualquier intrusión interna o externa que pudiera surgir.
Otro dato quizás innecesario es el de que todo ese movimiento económico surgía de las empresas del Estado que a la vez eran propiedad particular del perínclito de San Cristóbal.
Al día 5 de julio de 1961, los bienes e inversiones de Rafael Leonidas Trujillo Molina eran numerosos a nivel nacional.
Prácticamente todo le pertenecía y una gran porción de ellos pasó primero a formar parte del patrimonio del pueblo dominicano para de ahí continuar su ruta hacia las manos particulares en las que finalmente quedaron por vía del vertiginoso devenir político y el inusitado reparto de carroña a gran escala.
Lo más abundante de esta relación patrimonial es la territorialidad.
Una gran parte del país estaba convertida en terrenos rurales, medidos cuidadosamente para la ocasión, en bonos, en cédulas hipotecarias, en pólizas de seguros, mensuras en proceso, residencias, casas de alquiler, solares, acciones de compañías y documentos en caja, fincas, un yate de lujo, el Angelita, que costaba a la fecha, ya remodelado y mejorado, 2 millones 130 mil 695 pesos, una sólida fortuna para la época.
El santuario, el Olimpo del Jefe, llamado la Oficina Particular, irradiaba sus poderosas influencias económicas, sus discretos manejos como el Partido Dominicano, le daba expresión política al pago de ciudadanos que percibían una renta cual si esa organización fuese una oficina de obras del Estado o algo que se le pareciera.
En esta oficina particular tenían intereses desde parientes de la mujer del hermano más querido por Trujillo, Negro, Alma McLaughlin, probablemente en calidad de testaferros, como otros, hasta el entonces muy joven capitán Radhamés que tenía capitales de cientos de miles de pesos, asignados por su padre.
Todo el parque industrial del país, en la práctica, cruzaba por las duras y blindadas fronteras de la Oficina Particular.
En la Industria Domínico Suiza, entre muchas otras, Angelita Trujillo de León tenía cien acciones de cien pesos cada una, como también su hermano Radhamés.
La cifra de la Azucarera Haina en la que Angelita tiene acciones no es modesta: Ahí hay representados siete millones 221 mil pesos.
Ahí se cobraba bien y aparece el cuñado de Trujillo, Francisco Martínez Alba, con parecida cantidad de dinero y el capitán Radhamés, con igual denominación.
Los bienes
Otro dato quizás innecesario es que todo ese movimiento económico surgía de las empresas del Estado que el perínclito de San Cristóbal, hacía propiedad particular. Al día 5 de julio de 1961, los bienes e inversiones de Trujillo, eran numerosos a nivel nacional.

