Osvaldo Bazil es gloria de la República Dominicana; poeta de cielos, reliquia de San Cristóbal, epopeya e historia. A los 19 años representó a su patria en los Estados Unidos en calidad de Cónsul en Boston y luego embajador ministro plenipotenciario en quince países y a los 17 años escribió su primer libro: » Rosales en flor».
No obstante, por una de esas paradojas, según cuenta en su Anecdotario de una tiranía el versado escritor Eduardo Matos Díaz, Osvaldo Bazil sufrió los rigores de la tiranía de Trujillo.
Y refiere un amigo de Osvaldo, intelectual de grandes quilates, que viajó a New York y al regresar de aquella urbe, Trujillo no quería saber nada de Bazil, estaba en desgracia, a causa de que en Estados Unidos había sostenido un cambio de impresiones amistosas con dos opositores.
Cuando se entera Bazil de tal situación, muy angustiado acudió a su amigo don Abelardo Nanita, quien era entonces secretario de Estado de la Presidencia. Don Abelardo recibe al poeta; sin embargo, al despedirse de él le dice:» Oye Osvaldo, tú sabes lo que yo te estimo y estoy dispuesto a servirte, pero no me vuelvas a ver, porque no quiero que me suceda lo que a ti, ¿comprendes?, y continúa Abelardo Nanita: «Ni siquiera me saludes».
Se marchó cabizbajo, y al primer amigo que vio en la calle, lo saludó agregando: Ya hasta nanita mi hermano Nanita me ha negado».
Después de largo tiempo, Bazil se enferma. Trujillo se entera, y llama a Nanita y le dice: Abelardo, quiero que usted se informe bien del estado de salud de Bazil y me lo comunique. Inmediatamente, Nanita fue a visitar a Bazil al hospital Padre Billini de Santo Domingo. Cuando Osvaldo lo vio entrar, le dijo, con voz apagada: ¡Qué milagro, tu aquí!, Nanita respondió, Osvaldo, vengo de parte de El Jefe a enterarme de tu salud».
El poeta simuló una sonrisa, y, tras un intercambio de impresiones, le informó a Trujillo que Bazil estaba muy grave y apenas tenía asistencia muy limitada e impropia.
Y Trujillo le dice de nuevo a Nanita, «Encárguese de que se le traslade por mi cuenta a la clínica que sea más conveniente. Nanita cumplió, Pero Bazil, agravándose de su mal, se resignó a morir en el hospital. Prefiero la muerte antes que enviar a decir a Trujillo, que ordenase mi trasladarlo en una prestigiosa clínica.
Ya en su lecho, le fue otorgado un premio en un concurso literario organizado por la Casa de España y la Academia de la Lengua, el 12 de octubre de 1946. Un diploma y 500 pesos, pero ya el poeta estaba postrado.
Hubo llanto por la muerte del poeta a quien el insigne Rubén Darío llamara mi príncipe azul o amigo del alma: No pudo recibir en vida este valioso premio, lo recibió póstumamente: La muerte fue su eterna compañera.
Osvaldo Bazil trabajó con Trujillo, pero con valor, decoro, falleciendo con dignidad.
