Es hora de dejar Afganistán; Bin Ladem está muerto y Al Qaeda degradada”, así resume el presidente Biden la razón de sacar las tropas y finalizar la guerra de 20 años en el secarral de Afganistán. Pero el futuro inmediato de Afganistán es predecible como el “huevo de la serpiente”: el talibán terminará gobernando y quizás el propio Biden es consciente de ello y se adelanta con esa expresión de que han logrado su objetivo trazado después del 11-S.
Sin embargo, podría dejar a sus vecinos un grave problema: el campo minado para que el ISIS le dé forma a su califato al absorber al propio talibán y cree tensiones con Pakistán, Irán, China y su región musulmana de Xin Jiang, y Rusia que le ha combatido con dureza en Siria. Entonces, Irán y Rusia aliados en Siria, tendrán unas fronteras súper volátiles incluyendo las naciones caucásicas que son aliadas naturales de Rusia y que hoy ya lucen intranquilas luego de la breve pero muy cruenta guerra de Armenia (cristiana) y Azerbaiyán (musulmán).
El Estado Islámico ha sido atacado en todo el Levante por las potencias que se disputan la zona, pero ya asentado en Afganistán creará problemas a sus enemigos jurados en Siria e Irak. El poder establecido vuelve sus armas contra sus adversarios e incluso amigos circunstanciales. De aquí que el ISIS, que es objeto de un odio universal, que es la herejía misma y el más pernicioso de los enemigos del Islam, buscará retornar a junio de 2015, en la que un 8% de sus filas eran engrosadas por jóvenes procedentes de Rusia o con pasaporte ruso de la República de Daguestán, lo que prueba que la serpiente ya tiene sus huevos en el sur de Rusia de mayoría musulmana.
Afganistán es tierra fértil porque hay una experiencia de las prácticas más estrictas y radicales de la ley islámica que ya había impuesto el talibán. Hoy están dormidos, no muertos, aunque su líder más emblemático el califa Ibrahim (Bark at Bagdadid) fue eliminado por los comandos de USA en 2019 en Siria.
Por: Manuel Fermín
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