Dentro de 3 mil millones de años, nuestra galaxia la Vía Láctea y la vecina Andrómeda, chocarán de frente. Un par de milenios antes de la colisión, Andrómeda se verá enorme en el cielo, tapizando la bóveda celeste de miles de luces cada vez más intensas, con su deslumbrante estructura espiral, ese será el lado romántico del fenómeno.
Pero su lado oscuro serán las perturbaciones gravitacionales que desatará durante largo tiempo. Tras la colisión se desatará un violento brote de nuevas estrellas y muchos mundos estallarán al impactar con numerosos asteroides, que han sido arrancados de sus órbitas. El Sol mismo podría desencajarse de la suya, o bien ser tragado por el formidable mega-agujero que se formó cuando los dos agujeros negros que poseían ambas galaxias se fusionaron entre sí.
Para ciertos expertos, esa colisión nunca se producirá, ya que antes de ese gran choque de trenes, el agujero negro que tiene nuestra galaxia en su centro, habrá crecido tanto que terminará por tragársela, esto es, comerse 400 mil millones de estrellas. Pero mientras se las engulle como aceitunas, emitirá una energía tan poderosa que borrará a todo el Sistema Solar, o bien el Sol y la Tierra serán disparados para vagar sin rumbo fijo, atraído por gravedades desconocidas.
Desde la Tierra han sido captadas 16 colisiones de galaxias en 100 años. Una insignificante cantidad comparada con la abundancia con que estos accidentes cósmicos ocurren sin damos cuenta, quizás más de mil por siglo. El último choque entre galaxias fue observado en febrero de este año, y mostró dos galaxias de formaciones curiosas, probando con ello que eran resultado de choques previos.
Si ocurren un promedio de mil colisiones de galaxias por siglo, resulta una cifra muy favorable que habla bien de la mecánica de los astros, ya que habiendo galaxias por el orden de los millones de millones, mil choques entre ellas realmente eso no es nada.

