Opinión

Breve que te quiero breve

Breve que te quiero breve

Meteoritos famosos: uno  cayó el mismo año del descubrimiento de América, en 1492. Impactó una región de Alascia, en Francia. Pesaba 100 kilogramos. Cristóbal Colón registró su impacto  un 7 de diciembre. Cientos de campesinos se refugiaron en iglesias y monasterios. El rey Maximiliano lo interpretó como  ira divina contra sus enemigos, y éstos aseguraron lo contrario.

Canyon Diablo es un meteorito en Argentina, usado por los nativos prehistóricos para diferentes propósitos, ya sea como sistema de adoración o como arma, aplicando  partículas del meteorito en las puntas de sus flechas. Se estima que cayó como lluvia de estrellas fugaces, hace 60 mil años. La Kaba o el Cubo, el lugar más sagrado del Islam, es el punto donde lo divino toca lo terrenal, según los musulmanes. En su interior, reposa una piedra negra, un meteorito que, según la tradición, el ángel Gabriel entregó a Abraham. La piedra es miles de años anterior a Mahoma, siendo motivo de  adoración de  tribus politeístas.

El proverbial meteorito Allende cayó en México unos meses antes del primer viaje a la Luna, en 1969. Lo asombroso  es que es 30 millones de años más viejo que la Tierra. Cape York es uno de los más grandes conocidos, del tamaño de una casa. En 1970, un meteorito en New Mexico, cayó en una cabaña, rebotó, mató una vaca y terminó en un granero. Se estima que fueron fragmentos del mismo, y uno de los pocos que han podido  captar un radar meteorológico.

En 1947, en Siberia Oriental, un objeto muy masivo de más de 70 toneladas, se partió en  pedazos. Es uno de los eventos más documentados de la historia y el segundo más importante del  siglo 20. El estallido de Tunguska, que arrasó dos mil kilómetros cuadrados de bosque, en 1908, también en la Siberia rusa, es el más importante de los últimos 2 mil años.

Si la prehistoria pudiera hablar, daría cuenta de cientos de miles de meteoritos que estallaron  durante más de 100 mil años hasta el nacimiento de la escritura. Los hombres de las cavernas, muchas veces vieron este espectáculo. Quizás un cavernícola superdotado, a tal punto fue conmovido por un impacto, que tuvo un chispazo, un arrebato de genialidad, inventando así, inspirado como nunca, la palabra la escrita. Nunca se sabrá.

El Nacional

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