Una palabra que en claro ejercicio de plagio a la exitosa campaña presidencial de Barak Obama, hoy nuestros partidos han empezado a repetir hasta el cansancio, sin saber que, como luego se enterara el mismo Obama, es mucho más fácil ofrecerlo que darlo.
El actual Presidente de los Estados Unidos necesitaba un mensaje simple, claro y entendible que resonara en el alma misma del votante promedio, algo que le hiciera destacarse en las internas de su partido. Yo ofrezco cambio! gritaba Obama para el delirio de sus seguidores, que veían a la cúpula del Partido Demócrata como algo no tan distinto a lo que ofrecía el Partido Republicano, y veían en ese joven candidato a alguien fuera del círculo estático.
No importaba cual cambio, o qué había que cambiar, o si era necesario que cambiara, de hecho ni siquiera importó que no obstante cambio ser el slogan, exactamente qué iba cambiar nunca fue especificado. Obama ofreció cambio y el pueblo americano le dio la Presidencia.
Hoy muchos de los que votaron o simpatizaron con Obama que se sienten decepcionados, y esta es la parte que durante la campaña nunca se midió. Obama no iba a poder hacer ni era necesario que se produjeran cambios radicales, esperar eso era de por si injusto para con el mismo Obama, pero la gente no dejó de tener esperanzas de un cambio dramático, que la realidad es que nunca fue necesario.
Y ahora volvamos a la República Dominicana, donde también han empezado los gritos por un cambio como slogan de campaña. Creo que podemos estar de acuerdo en que contrario a Estados Unidos, acá sí que se necesitan cambios radicales en muchísimas cosas. Lo preocupante es desde qué dirección se hace la proclama, y la ausencia de objetivos definidos detrás de la palabra, poniendo en evidencia un discurso vacío.
En toda la publicidad, en la que estoy segurísimo se han gastado ya docenas y docenas de millones de pesos, no he escuchado el primer planteamiento que ponga en evidencia la posibilidad de un verdadero cambio.
Pero para hablar de un cambio, primero tenemos que saber dónde estamos. ¿No? La mayor parte de la fuerza laboral dominicana se destina al empleo informal y el desempleo se calcula en más del 16%. La presión fiscal que ronda casi el 20% del PIB es asumida por mucho menos de la mitad de la población, que es a su vez la que paga tanto por la vía del subsidio como en su factura mensual de energía eléctrica la luz de todo el país, que no reciben.
Los codiciados fondos de las pensiones hoy en manos de las AFP están produciendo un pobre rendimiento debido a las mismas ataduras a la inversión previstas en la ley. El Banco Central sigue sin ser capitalizado, mientras el gasto estatal viene desbordado sin ningún plan de recorte plausible en el futuro inmediato. El Estado no tiene la capacidad de enfrentar el creciente problema del narcotráfico y el lavado de activos.
Pero no creo que deba abundar tanto en los actuales problemas que son bien conocidos por todos. Hablemos de cambio, es muy fácil decir la palabra, pero ¿qué vamos a cambiar? ¿Cómo? ¿Para qué? Ahí es que deben enfocarme el discurso, porque de lo contrario no me dicen nada.

