El presidente de la República ha cambiado sustancialmente su posición respecto a los temas institucionales que por mandato constitucional debieron abordarse y resolverse hace tiempo.
Hay que recordar sus radicales actitudes respecto al tópico de las leyes orgánicas, en el sentido de considerar que no se requería la aprobación de las dos terceras partes de los legisladores presentes para aprobar observaciones del poder ejecutivo.
Lo mismo puede decirse de la Ley del Consejo Nacional de la Magistratura, frente a la cual postulaba porque el presidente de la república tuviera un voto privilegiado que sirviera para decidir los asuntos en cuya votación el resultado arrojara un empate con 4 votos a favor y 4 en contra.
De igual forma, era partidario de la tesis de que el tribunal constitucional no tuviera la facultad de revisar las sentencias emitidas por la suprema corte de justicia y que sus integrantes podían tener más de 75 años, no obstante la carta magna consignar de forma inequívoca que a sus miembros se les aplican idénticos requisitos que a los magistrados de nuestro más alto tribunal de justicia, los cuales, no pueden superar esa edad.
Todas las posiciones del presidente sobre estos aspectos generaron un gran rechazo de amplios sectores de la sociedad, de manera particular de juristas especializados en materia constitucional, pese a lo cual, el primer mandatario persistía en sus planteamientos.
Eran los tiempos en que el objetivo primordial de Palacio era encontrar el resquicio por el que se pudiera colar la pretendida repostulación presidencia, la cual, con el transcurrir de los días, fue perdiendo posibilidad, hasta quedar derrotada por un cúmulo de circunstancias nacionales y foráneas, en ninguna de las cuales figuraba la voluntad presidencial.
Esa realidad decretó el cambio abrupto del presidente quien, como movido por un resorte mágico, empezó a mover hilos que condujeran a la solución de los temas postergados, lo cual, culminó con la suscripción de un acuerdo con el presidente del PRD quien, dicho sea de paso, necesitaba de un acontecimiento que lo reposicionara en un escenario del que salió maltrecho por su torpe manejo posterior al proceso convencional de su organización.
Es imposible desvincular las posiciones flexibilizadas del presidente, de la no concretización del propósito de obtener la repostulación. La actitud frente a estos temas era una en un esquema en el que la repostulación se consideraba posible y otra una vez que esa circunstancia quedó esfumada.

