Luis Leonel Abel llegó a la ancianidad con la conformidad de que aquél inolvidable martes en que perdió su reputación política por incapacidad intelectual, no se debió a su culpa, sino a que ese día estaba registrado en la historia como una fecha azarosa. Retirado de toda actividad política, con la precisión de un reloj atómico, contaba a sus nietos reiteradamente que fue un martes 29 de mayo de 1453 que Mohamed conquistó a Bizancio y un martes 30 de mayo el pueblo dominicano ajustició al tirano Rafael Leónidas Trujillo Molina –Odio los martes—mascullaba frecuentemente. Un martes 31 de octubre de 2023, la Junta Central de la República Dominicana, resolutó que los candidatos presidenciales debían ser interrogados por un sistema de inteligencia artificial para determinar si estaban aptos para ocupar tan alta investidura.
Luis Leonel Abel tuvo que presentarse un martes 27 de febrero de 2024 ante un robot inteligente que lanzaba un torrente de preguntas inhumanamente. Con voz altisonante el robot inteligente dijo—Tiene usted señor candidato, cinco minutos para presentarse ante la audiencia. — cosa que hizo infaliblemente, resaltando el compromiso de su partido con la educación dominicana.
—Estoy redi—expresó el candidato, sin barruntar siquiera que esas preguntas decretarían su desahucio político. —¿Cree usted que el keynesianismo tiene vigencia en este nuevo orden mundial? –¿Ante la inconsecuencia del liderazgo mundial, piensa usted que recobra importancia aquella expresión de ‘’Banalidad del mal’’ usada por Hannah Arendt? ¿Comparte usted el concepto de modernidad líquida, expuesto por Zigmunt Bauman?
El robot nunca dio señales humanas. Sus preguntas herían de muerte al candidato que sudaba de igual manera que Jesús camino al Gólgota.
—–¿Qué haría un posible gobierno suyo ante un posible período de estanflación en la República Dominicana? —-Aturdido, irremisiblemente derrotado ante preguntas inesperadas, pero que debían ser manejadas por un aspirante a dirigir un país, Luis Leonel Abel centró toda su atención en una pequeña luz triangular que estaba en lo más alto del salón, irradiando colores blanco, verde y morado.
El candidato interrumpió vanamente, exigió se le permitiese exponer su programa de gobierno, pero el robot estaba programado exclusivamente para preguntar y dar su veredicto de aprobación o rechazo a su candidatura.
Se paró bruscamente de su asiento. Un silencio espantoso cubrió todo el salón. Se dejaron oír algunas risas. Algunos fieles adeptos fueron a su encuentro y le decían al oído—Tranquilo líder, nadie le va a creer a una máquina de hojalata—
En pocos minutos, todo quedó en penumbra. La luz triangular intensificó su presencia, mientras una voz robótica altisonante, repetía incesantemente: Inhabilitado, inhabilitado…..
Por Ramón Rodriguez

