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Capitalismo salvaje

Capitalismo salvaje

La pretensión de la farmacéutica AstraZeneca de que el Gobierno dominicano reciba un lote de vacunas contra la covid-19 mucho tiempo después de la fecha requerida para su entrega constituye una vulgar expresión del capitalismo salvaje, como refirió el papa Juan Pablo II.

Esa multinacional inglesa se aprovecha de un desliz en el que incurrieron las autoridades al aceptar borrar en el contrato de compra de diez millones de dosis de ese medicamento, una cláusula de no sometimiento judicial o arbitral por cualquier falta imputable.

AstraZeneca exigió el pago por adelantado de 40 millones de dólares por el lote de vacunas, a razón de cuatro dólares por unidad, de las cuales apenas adelantó la entrega de menos de un millón de dosis, pero ahora, casi dos años después, pretende que el Gobierno acepte los otros nueve millones.

Duele mucho admitir que las autoridades oficiales disponen de muy estrecho margen para invocar en una jurisdicción arbitral los daños causados por el retraso en la entrega de un lote de vacunas que la nación urgía para inocular a la población contra un virus cuasi letal.

A la urgencia por conseguir vacunas contra el coronavirus por la renuencia de farmacéuticas y países ricos a mercadearlas, se atribuye que el Gobierno renunciara a su derecho de reclamar ante los tribunales por incumplimiento o inobservancia por parte de esa farmacéutica que recibió de un cantazo la totalidad de los US$40 millones.

El único camino disponible para subsanar lo que claramente se tipifica como una estafa o abuso de confianza, es que esa multinacional acepte entregar al Gobierno otros productos o medicamentos de su portafolio por el valor pagado por el lote de vacunas que ahora no sirven para nada.

Esa compañía ha producido y mercadeado más de dos mil millones de vacunas, la mayoría vendidas en Europa y en otras naciones desarrolladas, pero ahora pretende justificar el cobro por adelantado de un pedido que no fue atendido en tiempo hábil, lo que fue causa de muertes, internamientos y ausentismo laboral.

Ojalá que al Gobierno le vaya bien en sus ruegos a AstraZeneca para que acepte canjear vacunas innecesarias por medicamentos útiles, pero este indignante episodio debe servir de lección para que en otros casos de emergencia las autoridades sepan actuar con cabeza fría aunque arda el corazón.

El Nacional

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