La desafortunada ex secretaria de Estado del ex presidente George Bush, la doctora Condoleezza Rice, dijo a una agencia internacional de noticias que América Latina siente antipatía hacia los Estados Unidos.
Para intentar sin éxito justificar el repudio latinoamericano a la política exterior del presidente Bush y de ella como Canciller, la ex Asesora de Seguridad Nacional y alta ejecutiva de grandes empresas monopólicas asegura que esa actitud anti-Bush ha existido siempre.
Todo lo que ella dijo en esa pobre, insustancial y torpe entrevista es falso de toda falsedad, ya que además muestra, por otras cosas que dijo, que desconoce qué es América Latina, sus procesos históricos, la sicología de su gente y las causas que han motivado las posiciones de rechazo latinoamericano a la política exterior USA.
No es verdad, y sí una mentira fácil de ser desmontada, que los pueblos de América Latina sientan antipatía hacia el pueblo de los Estados Unidos. Todo lo contrario: admiración sincera, espejo mundial y deseos de realizar el célebre sueño americano.
Por cierto, la señora Rice olvida que un americano, o sea, un ciudadano del continente americano no puede sentirse bien cuando en los Estados Unidos un americano se refiere únicamente a un ciudadano USA y no a los otros americanos, esto es, todos los nacidos en este continente.
Para la doctora Rice, por ejemplo, América no es el continente de todo nosotros, sino una categoría correspondiente a un ciudadano superior: estadounidense.
¿Qué es eso, Condoleezza, antipatía de aquí para allá o reacción normal de aquel al que usted hasta le niega la condición de americano y, en cambio, se le reserva con exclusividad para usted y los suyos?
El pueblo dominicano, por ejemplo, no siente la menor antipatía por el pueblo de los Estados Unidos, sino lo contrario por presidentes y pueblo USA, como Jimmy Carter y Bill Clinton, quienes en 1978 y 1994 nos ayudaron a evitar una guerra civil.
Ahora bien, doctora Rice, tiene que haber antipatía hacia un Bush que apoyó el fraude de 1990, y con ello abrió las puertas de una guerra civil.
El pueblo dominicano es el que siente simpatía por el béisbol, de las Grande Ligas, por el baloncesto de la NBA, por Hollywood, por Broadway, por Disney World, por el Smithsonian, por el Lincoln Memorial, por el Actor`s Studio, por Time Square, por el monte Rushmore, por tantas cosas maravillosas de Estados Unidos.
Y simpatía por Ted Williams, por Humphrey Bogart, por Hemingway, por Marlon Brando, por Will Chamberlain, por Susan Sarandon, Steinbeck, por Frost, por Alí, por Bobby Fischer, por Helen Hayes, por Fred Astaire, por Johnny Carson, por las hermanas Williams, por Tenesi Williams, y un etcétera tan largo como la ruta de Nueva York a Los Ángeles.
Pero no puede el pueblo dominicano sentir lo mismo por figuras funestas como Reagan, Kissinger, Nixon, Edgar Hoover. Johnson, Douglas Lucas, el loco Macarthy, el malvado Ulises Simpson Grant, el pirata Williams Malker y otros enemigos nuestros.
Porque a la hora de medir simpatías y antipatías, doctora Rice, no es lo mismo Eleanor Roosevelt que Nancy Reagan, ni es lo mismo Rosa Parker que Mamá Barker. Ni es lo mismo Charles Summer que Barry Goldwater.
Ni es lo mismo George Bush junior que Barack Obama, y si lo duda vea el prestigio, efecto y simpatía de América Latina hacia estados Unidos por el triunfo de Barack Obama.
Y finalmente, no es lo mismo en simpatías y antipatías una Hillary Clinton que una ¡Condoleezza Rice!

