En Octubre se firmó un Pacto Nacional para Políticas de Estado frente a las crisis de Haití, que amenazan la existencia de la República.
Al momento de la firma, le dijimos al Presidente Luis Abinader que los mejores pactos son los que se cumplen… y que, por tanto, era necesario crear una comisión de seguimiento, impulso y divulgación de ese acuerdo, que no debería ser solo de las cúpulas de los partidos, y de ciertas academias e intelectuales.
Debe involucrarse a todo el pueblo dominicano….más cuando los partidos y líderes que tienen más obligaciones y responsabilidades en la situación de riesgo y exposición que nos amenaza tan gravemente, rehusaron ser parte del esfuerzo de unidad nacional y patriótica, sin razones válidas, de lo cual soy testigo de excepción.
El Presidente Abinader emprendió un camino muy difícil y arriesgado, desde que convirtió en doctrina de política exterior el postulado de “que no hay ni habrá solución dominicana a los problemas de Haití”, que la solución debe ser internacional de rescate y reconstrucción de Haití en Haití, dentro de un esfuerzo de corresponsabilidad internacional.
Debemos reconocerle, además, que ha puesto un énfasis especial en la política de seguridad y desarrollo fronterizo; que ha mejorado la capacidades de las FFAA; que convocó al Pacto Nacional y logró amplio consenso; que ha manejado relativamente bien las crisis provocadas por el magnicidio del Presidente Moise, así como la cadena de agresivas provocaciones en torno a la construcción del canal de trasvase de las aguas del Río Dajabon; y que se han mejorado los niveles de repatriación de ilegales.
Sin embargo, es evidente que tanto actores poderosos en el propio gobierno como en la oposición política, así como en los sectores del alto empresariado que se comprometió, con los planes de las potencias y los organismos internacionales para que República Dominicana asuma el rol de estado pivote y zona de amortiguamiento de las crisis haitianas, existe una resistencia abierta y soterrada cada vez más fuerte a cambiar el esquema insular de relaciones, tan fallido como Haití.
Sabemos que desde los EEUU, Canadá y los Organismos Internacionales, principalmente, se ejercen presiones crecientes, y hasta se ejecutan brutales chantajes para que RD no resista el trasvase de las crisis de Haití y continúe con la “política de dejar hacer dejar pasar”
Esas fuerzas se han comprometido con darle a Haití una “tierra nueva”, una “tierra prometida”, incluso, la diáspora haitiana, el caucus afroamericano y los radicales del Partido Demócrata, lo interpretan como un acto de justicia histórica.
El Presidente Luis Abinader debe confiar en el pueblo dominicano, apelar a él y sus probadas reservas de heroísmos, ponerlo en alerta y pie de lucha, hacerlo consciente de los peligros, reiterar el llamado a la unidad nacional sin precedentes.
Pocos esperaban que su gestión marcaría un cambio de rumbo en las tendencias históricas, y menos que los acontecimientos darían razón a todo lo que nosotros hemos venimos advirtiendo por décadas… En consecuencia, no es momento de vacilaciones, ni ambigüedades, ni menos para recular, tampoco es momento de pausas por la coyuntura electoral…
Es hora de jugársela de verdad. Si se devuelve, si incumple o pospone el Pacto de Nación, pagará un alto precio histórico, político, social…Lo mismo digo de los líderes de oposición, en especial, de Leonel Fernández – que era el que más obligación tenía por muchas razones de cerrar filas con la Nación Dominicana, de nunca hacerle el juego “al bando parricida y traidor”por cálculos electorales o por temores a los poderes a los que nos enfrentamos.
Que lo sepan bien todos los partidos y sus líderes: si en las encrucijadas críticas no se ponen al servicio de la nación, pierden razón de existir. Y el Pueblo deberá Clamar a los Cielos, y ejercer directamente sus derechos inalienables de pueblo libre, soberano e independiente. Duarte Vive.
Por: Pelegrín Castillo Semán

