José Tomás en IDAC
Señor director:
Secuestrar un avión desde su hangar, correr por la pista y elevar vuelo con rumbo desconocido y que no haya sido sorprendido, mucho menos impedido, en ninguna de esas etapas, es algo más inconcebible que la fábula del elefante que volaba impulsado por el batir de sus enormes orejotas y con la cola que le servía como timón. ¿Dónde estaba el personal de Seguridad del Instituto Dominicano de Aviación Civil, IDAC? ¿Qué tiene que decir Aeropuertos Dominicanos, AERODOM? (que está callado) ¿Y el personal del Centro Especializado de Seguridad Aeroportuaria, CESA?
El hecho demuestra también la eficiencia autoritaria, desde arriba hasta abajo, de José Tomás Pérez, cuando era Director de IDAC. En esa posición José Tomás era un guardia. Nadie se atrevía a abrir o cerrar los ojos, ni siquiera a bostezar, sin una orden o un permiso de José Tomás. ¡Mucho menos entrometerse en los hangares de madrugada!
José Tomás, día a día, hora a hora, estaba al tanto de las manos grasientas de mecánicos que realizaban el mantenimiento del motor de un avión hasta de la pulcritud y elegancia de una azafata o de la compostura didáctica de un profesor de una academia de las que fundó José Tomás.
Para José Tomás, no existía el ñeñeñe ni la sonrisita ni el chistecito barato. Todo era rectitud y orden en IDAC.
Y en sus misiones en el exterior su formalidad, su conocimiento de la aeronáutica civil, en la que profundizó, porque cuando llegó a IDAC su conocimiento de la materia era nulo.
Si algún lidercillo piloto se revolteaba, regresaba de inmediato al orden, cuando sentía la mano dura pero enguantada de José Tomás.
Es que no se debe cambiar la vaca por la chiva y menos por razones políticas.
Pruebe a ver, señor Presidente, y restituya a José Tomás al frente de IDAC, y verá que de los hangares de los aeropuertos dominicanos no secuestran ni un galón de aceite.
Y, además, ¡es lo político ahora!
Atentamente,
Lic. Francisco Dorta-Duque,
Santo Domingo
