El retroceso
Señor director:
Después de la reciente marcha-concentración dirigida por la Coalición Por una Educación Digna, y luego de que el Congreso aprobara el presupuesto del país para el 2012, los senadores y diputados tendrán que emplearse muy en lleno al rescate del apoyo y el respeto perdido debido a sus recurrentes actos soberbios e ilegales, especialmente de los legisladores del PLD, quienes serán recordados como enemigos de la educación y violadores de la Constitución y las leyes.
Sus desaciertos adrede para no asignar el 4% del PIB a la educación como establece la ley 66-97 promulgada por el propio gobierno del PLD, los descalifican. Esa insensatez les da espacio en la historia como los más retrógrados legisladores de los últimos cinco períodos congresuales. El movimiento por una educación digna es el más sano, convergente y atractivo de cuantos se han organizado en este país en las últimas décadas. Se asemeja, en su espíritu, a la revuelta de 1965 que exigió con las armas el retorno a la constitucionalidad.
A ellos no les importa el presente ni el futuro del país, no les importa el alto nivel de violencia, delincuencia, consumo y tráfico de drogas, ni el crimen organizado que nos agobia. Aquí hace falta la figura revocatoria, que permita a los ciudadanos revocar la representación que les dieron a esos legisladores traicioneros que responden a grupos e intereses particulares y mezquinos.
Yo percibí el manejo apresurado y petulante de aquella sesión de diputados procurando dar un golpe bajo de rechazo al 4% para la educación y otras demandas legales. Tan insólito fue aquel espectáculo revolteante de estómagos, que no he podido equipararlo con ninguna agrupación social, ni siquiera con las de las clases sociales más bajas. Esa sesión y su presidente deben registrarse en el libro Guinness a sabiendas de que no tendrán competencia.
De esas malas conductas se alimentan nuestros niños y jóvenes, muchos de los cuales ya se graduaron en las academias para delincuentes que hay enclavadas en la desacreditada patria de Duarte. Es colectivo el rechazo de aquella ridícula sesión perjudicial al país, a los hijos y nietos de los propios legisladores, a los niños que participan en la demanda del 4% para la educación y para toda la niñez dominicana. ¡Qué decepción! ¡Qué vergüenza! ¡Qué mal ejemplo!
Atentamente,
Lic. Santiago Martínez
Santo Domingo
